Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 13 de febrero de 2013

Poesía para hoy

Jorge Manrique escribió en 1477 una de las mejores poesías de la lengua española de todos los tiempos: las coplas por la muerte de su padre. La liturgia del Miércoles de ceniza toma algunos de sus versos para los himnos de laudes y del oficio de lectura. Hoy puede ser un buen día para leerlo entero. Las estrofas 1 a 14 hablan de lo rápido que pasan las cosas y la vida. Las estrofas 15 a 24 toman ejemplos de la antigüedad clásica y del pasado inmediato al autor para confirmar lo dicho. De la 25 a la 40, el autor habla de su padre, D. Rodrigo que, después de una vida honrada, está dispuesto a morir, sabiendo que le espera la fama y, lo que es más importante, la vida eterna.


1.- Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer ,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

2.- Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
Non se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio, 
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

3.- Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
que, llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

4. Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A Aquel solo me encomiendo,
Aquel sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo no conoció
su deidad.

5. Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientra vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos,
descansamos.

6. Este mundo bueno fue
si bien usásemos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
Aun aquel Hijo de Dios
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

7. Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan glorïosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos a toda hora
y tan presta,
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta!

8. Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos.
De ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

9. Decidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿dónde paran?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.

El resto pueden verlo aquí con algunas notas. 
Pasamos a las tres últimas.

38. No perdamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura;
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.

39. 
Tú que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.

40. Así, con tal entender,
con sus sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la ponga en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.

3 comentarios:

  1. ¡Qué poesía más impresionante! Gracias por recogerla aquí para nosotros. E.N.

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  2. Una reflexión hermosa sobre la vida,la fama, la muerte afrontada con resignación cristiana y serenidad, ya que es el deseo de Dios. La he leído muchas veces, especialmente cuando perdí a mi padre hace años. Gracias. Conchita

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  3. Un clásico, sin duda. Justo estos días lo estoy comentando en clase con mis alumnos.
    Por cierto, preciosa también la imagen con la que encabezas el texto.

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