Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 12 de junio de 2018

Roma, cabeza del mundo

Buenos días desde Roma, donde me encuentro peregrinando con 80 estupendas personas provenientes de distintos lugares. La mayoría de los que visitamos juntos Tierra Santa hemos continuado el viaje. Algunos regresaron a sus lugares de origen y otros se nos han unido aquí.



El canto "Roma capoccia" fue compuesta en dialecto romano ("romanesco") por Antonello Venditti cuando tenía 14 años y es un canto a la belleza de esta ciudad increíble. Hace referencia a la inscripción que se podía leer en la corona del emperador Diocleciano (244-311 d.C.): "Roma caput mundi, regis orbit frena rotundi" (Roma, cabeza del mundo, gobierna las riendas del orbe). A continuación copio la letra en italiano y en español:

Quanto sei bella Roma quann'è sera, 
quando la luna se specchia dentro ar fontanone 
e le coppiette se ne vanno via, 
quanto sei bella Roma quando piove. 

Quanto sei grande Roma quann'è er tramonto,
quando l'arancia rosseggia ancora sui sette colli 
e le finestre so' tanti occhi 
che te sembrano dì: quanto sei bella! 
Ah, quanto sei bella. 

Oggi me sembra che er tempo se sia fermato qui. 
Vedo la maestà der Colosseo, 
vedo la santità der Cupolone, 
e so' più vivo, e so' più bono, 
no, nun te lasso mai, 
Roma capoccia der monno infame, 
Roma capoccia der monno infame. 

Na carrozzella va co' du' stranieri, 
un robivecchi te chiede un po' de stracci, 
li passeracci so' usignoli, 
io ce so' nato, Roma, 
io t'ho scoperta, stamattina, 
io t'ho scoperta. 

Oggi me sembra che er tempo se sia fermato qui. 
Vedo la maestà der Colosseo, 
vedo la santità der Cuppolone, 
e so' più vivo, e so' più bono, 
no, nun te lasso mai, 
Roma capoccia der monno infame. 
Roma capoccia der monno infame.

¡Qué hermosa eres, Roma cuando atardece, 
cuando la luna si refleja en el fontanone (la fuente del Gianicolo)
y las parejitas se van (a casa), 
Roma, qué hermosa eres cuando llueve. 

¡Qué grande eres, Roma, al anochecer! 
Cuando el horizonte se pone naranja y rojo 
en las siete colinas 
y las ventanas son muchos ojos  
que parecen decirte: ¡Qué hermosa eres! 

Hoy me parece que el tiempo se haya parado aquí. 
Veo la majestad del Coliseo, 
veo la santidad del Cuppolone (el Vaticano), 
y estoy más vivo y soy mejor. 
No, no te dejaré nunca, 
Roma, cabeza (cabezota) de este mundo infame.

Un carro de caballos circula con dos extranjeros, 
un chatarrero te pide unos trapos,
los pajarracos son ruiseñores. 
Yo he nacido, Roma, 
yo te he descubierto esta mañana.

Hoy me parece que el tiempo si haya parado aquí. 
Veo la majestad del Coliseo, 
veo la santidad del Cuppolone (el Vaticano), 
y estoy más vivo y soy mejor. 
No, no te dejaré nunca, 
Roma, cabeza (cabezota) de este mundo infame.

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