Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 14 de enero de 2013

Los años ocultos de Jesús


El cuadro de Arístides Artal representa una escena de vida cotidiana en El taller de José.


El cuadro de John Everett Millais (1829–1896) se titula La carpintería de Nazaret.

En el inicio de la vida pública de Jesús descubrimos que, cuando llegaron los tiempos nuevos y se manifestó el mesías, que trae la salvación al mundo entero, sus vecinos se sorprendieron. Los más cercanos a Jesús no creían en Él, porque pensaban que lo conocían y parece que hasta entonces no habían descubierto en Él nada especial (cf. Lc 4,22; Mc 3,21). 

Es el plan salvífico de Dios, que se manifiesta a los pobres de YHWH de tal manera que solo los sencillos de corazón se dan cuenta. Desde el principio, Jesús es el siervo de YHWH descrito por Isaías, que asume nuestra condición, nuestras limitaciones, nuestros dolores. El mismo Jesús tiene que crecer en sabiduría, en estatura y en gracia (cf. Lc 2,52), en su dimensión humana y en su relación con Dios. Esto nos muestra el realismo de la encarnación, ya que el hijo de Dios se hizo verdaderamente uno de nosotros, «en todo exactamente como nosotros, excepto en el pecado» (Heb 4, 15). La salvación no nos llega por medio de las maravillosas fantasías que los hombres habrían deseado, sino en la vida semejante a la nuestra, de Jesús de Nazaret.

Los evangelios apócrifos han intentado rellenar estos años con datos inventados (milagros de Jesús desde su primera infancia, viajes iniciáticos a la India y al Tíbet, etc.). Los evangelios canónicos, por su parte, son muy sobrios: Se centran únicamente en la vida pública de Jesús (que comienza con su bautismo) y Juan indica claramente que el primer milagro de Jesús se realizó en las bodas de Caná. De esta manera nos indican la importancia de nuestra vida ordinaria, hecha de relaciones familiares y de amistad, de estudio y trabajo, de alegrías y sufrimientos. Allí se hace presente Dios y allí hemos de encontrarlo. Como María, aunque muchas veces no entendamos los acontecimientos, hemos de conservarlo todo en el corazón (cf. Lc 2,50-51), convirtiendo la vida cotidiana en oración. Por eso san Pablo nos invita a ofrecer como culto agradable a Dios nuestra «carne»; es decir, nuestra vida ordinaria, nuestra historia con sus luces y sus sombras (cf. Rom 6,13; 12,1; 1Cor 6,20).

El Catecismo de la Iglesia Católica reflexiona así sobre este tema: «Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios (cf. Gal 4,4), vida en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba “sometido” a sus padres y que “progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,51-52). Con la sumisión a su madre y a su padre legal, Jesús cumple con perfección el cuarto mandamiento. Es la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial. La sumisión cotidiana de Jesús a José y a María anunciaba y anticipaba la sumisión del Jueves Santo: “No se haga mi voluntad” (Lc 22,42). La obediencia de Cristo en lo cotidiano de la vida oculta inaugurada ya la obra de restauración de lo que la desobediencia de Adán había destruido (cf. Rom 5,19). La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana» (Catecismo 531-533).

3 comentarios:

  1. Los cuadros me transmiten belleza,
    sencillez y dulzura.Las imágenes también
    ayudan.Gracias por esta llamada a vivir
    el día a día muy sencillamente,buscando
    el encuentro, en lo cotidiano. Betania.

    No sé porqué lo que escribo se configura
    en escalera.

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  2. Nunca habia visto estos cuadros. Son preciosos, muy tiernos. Sagrario.

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  3. Estas imágenes de la vida cotidiana de Jesús me han gustado por su sencillez. Hoy, en el día de mi 44 cumpleaños, doy gracias a Dios por esta "vida ordinaria, hecha de relaciones familiares y de amistad, de estudio y trabajo, de alegrías y sufrimientos"..."Como María, aunque muchas veces no entendamos los acontecimientos, hemos de conservarlo todo en el corazón (cf. Lc 2,50-51), convirtiendo la vida cotidiana en oración". Gracias porque hoy andaba buscando palabras para expresar lo que siento y las he encontrado. Nuria

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