Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 19 de febrero de 2025

Educar es más que enseñar


Hace pocos días, en la entrada titulada «¿Qué es educar?», decíamos que «educar es más que enseñar». Profundicemos este argumento, comenzando por ver lo que dicen algunos autores significativos sobre la educación:

• De todos es sabido que Sócrates (s V a. C.) hablaba del método «mayéutico», considerando al educador un «partero» que ayuda a sus discípulos a encontrar todo lo bueno que llevan dentro y a desarrollarlo. 

• Aristóteles (s IV a. C.) relacionaba la educación con lo que en nuestros días se denomina «resiliencia»: «La educación es el adorno de la prosperidad y el refugio en la adversidad».

• Rousseau (†1778) decía: «La educación consiste en dar al cuerpo y al alma toda la perfección de que son susceptibles». 

• Kant (†1804), por su parte, afirmaba que la educación sirve para «desarrollar en cada individuo toda la perfección de que es capaz». 

Hemos citado a cuatro filósofos antiguos. Veamos ahora la opinión de otros autores más cercanos a nosotros en el tiempo:

• El escritor John Ruskin (†1900) afirmaba que «educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía». 

• El poeta Rabindranath Tagore (†1941) decía: «La educación tiene que ayudar al niño a liberarse de las cadenas de la ignorancia y el miedo».

• La pedagoga María Montessori (†1952), decía que «educar no es transmitir conocimientos, sino ayudar al descubrimiento del propio ser».

• El científico Albert Einstein (†1955) bromeaba diciendo: «La educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela».

• El activista estadounidense por la igualdad racial Martin Luther King Jr. (†1968) afirmaba: «La función de la educación es enseñar a pensar intensamente y a pensar críticamente. Inteligencia más carácter, esa es la meta de la verdadera educación».

• El también activista y político sudafricano Nelson Mandela (†2013) estaba convencido de algo que han repetido otros personajes a lo largo del tiempo: «La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo».

Estas citas refuerzan la idea de que la educación no es solo un medio para adquirir conocimientos, sino un proceso integral que busca formar personas realizadas, felices, libres, responsables y capaces de transformar su entorno.

El Consejo europeo afirma en su página oficial: «La educación es el proceso por el cual la sociedad transmite sus conocimientos acumulados, las habilidades y los valores de una generación a otra. En el sentido más amplio, la educación puede incluir cualquier acto o experiencia que tiene un efecto formativo en la mente, carácter, o en la capacidad física de una persona. Tiene una influencia fundamental en la capacidad y el potencial de las personas y de las comunidades para alcanzar el desarrollo social y el éxito económico. Es uno de los factores clave para el desarrollo y para potenciar a las personas. La educación ofrece a las personas conocimiento e información y también contribuye a la construcción de un sentido de autoestima y confianza en uno mismo, así como la realización de su potencial». 
https://www.coe.int/es/web/compass/education

En la página citada, después de recordar que la educación es un derecho humano fundamental, que abre la puerta para que puedan gozarse otros derechos igualmente importantes, el Consejo europeo asume los principios conocidos como «las cuatro A», que fueron desarrollados por Katarina Tomaševski en 2004, y subraya que la educación debe ser:

• Asequible: Gratuita y respaldada por el gobierno, con infraestructuras adecuadas y docentes capacitados.

• Accesible: Sin discriminación, accesible para todos, con medidas positivas para incluir a las personas con diversas capacidades y a las marginadas.

• Aceptable: Con suficientes garantías de calidad, docentes bien formados y contenidos relevantes, no discriminatorios, culturalmente apropiados.

• Adaptable: Capaz de evolucionar con las necesidades cambiantes de la sociedad y adaptarse a contextos locales y a las necesidades concretas de cada alumno.

En una publicación oficial de la UNESCO (un informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI), se dice: «Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Al concluir sus labores, la “Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI” desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso -el “Ábrete Sésamo” de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales- sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc.

Conviene afrontar, para superarlas mejor, las principales tensiones que, sin ser nuevas, están en el centro de la problemática del siglo XXI:

• La tensión entre lo mundial y lo local. […]

• La tensión entre lo universal y lo singular. […]

• La tensión entre tradición y modernidad. […]

• La tensión entre el largo plazo y el corto plazo, tensión eterna pero alimentada actualmente por un predominio de lo efímero y de la instantaneidad, en un contexto en que la plétora de informaciones y emociones fugaces conduce incesantemente a una concentración en los problemas inmediatos. Las opiniones piden respuestas y soluciones rápidas, mientras que muchos de los problemas encontrados necesitan una estrategia paciente, concertada y negociada de reforma. Tal es precisamente el caso de las políticas educativas.

• La tensión entre la indispensable competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades. […]

• La tensión entre el extraordinario desarrollo de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano. […]

• Por último, la tensión entre lo espiritual y lo material. […]

La educación tiene la misión de permitir a todos sin excepción hacer fructificar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal. Esta finalidad va más allá de todas las demás. Su realización, larga y difícil, será una contribución esencial a la búsqueda de un mundo más vivible y más justo».
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000109590_spa

Con motivo de un «pacto mundial sobre la educación» (15-10-2020), el papa Francisco dirigió un mensaje a los participantes en un congreso organizado por la congregación para la educación católica. Allí recuerda que, con motivo de la pandemia, «según algunos datos recientes de organismos internacionales, se habla de una “catástrofe educativa” […] una dramática realidad». 

Después de afirmar que «la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad», invita a poner en práctica siete puntos:

1. Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su valor, su dignidad, para hacer sobresalir su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que la rodea, rechazando esos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del descarte.

2. Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes transmitimos valores y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y de paz, una vida digna para cada persona.

3. Fomentar la plena participación de las niñas y de las jóvenes en la educación.

4. Tener a la familia como primera e indispensable educadora.

5. Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.

6. Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.

7. Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.
https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2020/documents/papa-francesco_20201015_videomessaggio-global-compact.html#_ftnref1

En un artículo titulado «El viaje de la educación», el presidente de la Real Academia de Doctores de España, explica que «la verdadera sabiduría no nace de juzgar al mundo, sino de comprenderlo» y reflexiona sobre la importantísima labor de los docentes en este proceso, afirmando: «La educación integral se basa no solo en las tecnologías digitales sino también en proyectos. Por eso el profesor debe ser capaz de identificar las habilidades individuales de cada estudiante con la finalidad de conseguir que en el futuro se comprometa con la sociedad. […] El profesor debe sacar al alumno de su zona de confort enfrentándole a sus problemas. Les va dotando poco a poco de ciertas características que harán que, en el futuro caminen de una manera positiva por ese camino de la vida. Serán más felices y harán que las personas con las que contactan lo sean también». (Antonio Bascones, El Debate, 2-12-2024)
https://www.eldebate.com/opinion/20241202/viaje-educacion_249370.html

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