Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 12 de febrero de 2022

Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos


El domingo 6 del Tiempo Ordinario, ciclo "c", presenta el programa de Jesús, invitándonos a tomarlo en serio y a hacer opciones en consecuencia. 

Su primera palabra es "bienaventurados", "felices", "dichosos", porque ese es su proyecto y su propuesta. Él quiere nuestra felicidad y nos indica el camino para alcanzarla.

Pero también nos advierte del peligro de elegir mal, echando a perder nuestra vida, por eso, la segunda parte del discurso consta de una serie de advertencias: "Ay de vosotros..."

Jesús nos recuerda que, con nuestras elecciones, construimos o destruimos nuestras vidas. Todo se juega en lo que consideramos verdaderamente esencial, en dónde ponemos nuestros corazones: en las cosas o en Dios, en "poseer" o en "ser".

Es el mismo argumento que desarrollan la primera lectura (del profeta Jeremías) y el salmo responsorial (el salmo 1).

Tanto Jeremías, como el salmo, como el evangelio dan por supuesto que todos buscamos la felicidad, pero advierten de que hemos de poner atención para no tomar el sendero equivocado. Los tres textos invitan a reflexionar sobre dónde se encuentra la felicidad y a tomar decisiones en consecuencia.

Los bienes materiales son necesarios, pero no pueden ser un fin en sí mismos, no deberíamos sacrificar la vida para tener más, sino para ser mejores. Por eso Jesús dice: "¡Bienaventurados los pobres... Ay de los ricos!"

Hay un camino que lleva a la plenitud de vida (simbolizada en un árbol siempre verde, plantado junto a un manantial) y hay otros caminos que parecen más fáciles pero solo llevan al sinsentido y a la nada (simbolizados por la paja que se lleva el viento). 

El justo es el verdadero sabio, mientras que el malvado es un necio. El primero alcanzará la felicidad, pero el segundo, no.

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