Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 23 de agosto de 2012

La fundación de san José de Ávila

Mañana, 24 de agosto, se cumplirán 450 años de la fundación del convento de san José de Ávila por parte de santa Teresa de Jesús. En la foto se ve un cuadro que la representa como fundadora, con su sombrero y su bastón. Recordemos cómo sucedieron las cosas.

En el monasterio de la Encarnación de Ávila, en la celda de Dª Teresa de Cepeda y Ahumada, un atardecer de septiembre de 1560 se encontraban reunidas la dicha Teresa, dos sobrinas suyas que se criaban con ella y otras diez religiosas amigas. Comentaban una carta circular que había hecho llegar el rey Felipe II a todos los monasterios de sus reinos, en la que exponía los daños causados por los luteranos en Francia y pedía oraciones por la unidad de la Iglesia. Las tertulianas comenzaron a tratar del bien que hace la oración de los buenos religiosos, de los ermitaños antiguos del Monte Carmelo, de fray Pedro de Alcántara y de las descalzas reales, que él había reformado, de lo hermoso que sería vivir en una comunidad así... 

Su sobrina María de Ocampo aseguró que, si se hacía, aportaría los mil ducados de su dote y la noble Dª Guiomar de Ulloa, que se había unido al grupo, también prometió su ayuda. Teresa no estaba muy convencida, hasta que pocos días después sintió al comulgar que Cristo «Me mandó mucho que lo procurase, haciéndome grandes promesas de que no se dejaría de hacer el monasterio» (V 32,11).

Comienzan dos años de luchas continuas. Sus conocidos dicen que es una locura. Ella quiere pareceres autorizados, por lo que escribe a los padres Pedro de Alcántara, Francisco de Borja y Luis Bertrán (con el tiempo, los tres serán canonizados), que responden apoyándola incondicionalmente. El provincial de los carmelitas, el P. Ángel Salazar, también aprueba la fundación, por lo que se decide a pedir un Breve Papal para realizarla. Cuando se conoció la noticia en la Encarnación y en la ciudad, la mayoría se puso en contra, por lo que el provincial retiró su apoyo (V 32,15).

La acusaban de alumbrada y endemoniada, por lo que pidió su parecer al teólogo más renombrado en ese momento en Ávila: el dominico P. Pedro Ibáñez, para el que escribió un largo memorial de 40 párrafos con la situación de su espíritu, la primera Cuenta de Conciencia que conservamos. A pesar de la oposición de la ciudad y las presiones que recibe, el parecer del dominico será positivo y lo acompañó con un dictamen laudatorio, escrito en 33 puntos. Reconfortada, se decide a pedir un segundo Breve Papal; esta vez poniendo el monasterio bajo la obediencia del obispo, ya que el anterior permitía fundarlo bajo la obediencia del provincial de los carmelitas, que ahora no lo acepta.

Aunque las contradicciones externas crecieron, hizo venir de Alba a su hermana Juana y a su cuñado, para que se encargasen de las obras de adaptación de una casita fuera de las murallas (V 33,4ss). Las obras se alargan porque unos muros ceden, cayendo sobre uno de los sobrinos de Teresa, que quedó como muerto. Al enterarse, fue corriendo a la obra y tomó del suelo el cuerpecito, abrazándose a él. El niño se despertó y Teresa se lo entregó a su madre. Los obreros comenzaron a decir que era un milagro. Ella les respondió que lo que habría sido un milagro es que el muro hubiera permanecido en pie, estando tan mal construido, y que tenían que volver a levantarlo. Los dineros faltaban, pero supuso una gran ayuda la inesperada llegada de algunas monedas de oro, enviadas desde América por su hermano Lorenzo (Cta. 2,1-2).

Cuando todo está más complicado, recibe una orden del provincial de trasladarse a Toledo, al palacio de Dª Luisa de la Cerda (V 34). Esta nobilísima mujer «estaba en extremo afligida y con gran peligro de perder el juicio por el sentimiento que tenía de la muerte de su marido. [...] Gente principal de la cristiandad la había intentado consolar trayéndole personas santas, sin conseguirlo». Pasa en Toledo los seis primeros meses de 1562 y se gana el afecto de Dª Luisa y de todos los de su casa. Además, entra en contacto con lo más granado de la sociedad civil y eclesiástica de España. Por entonces también se encontró con la hermana María de Yepes (futura María de Jesús, cuando funde en Alcalá de Henares), carmelita de Granada que había caminado a pie hasta Roma, para conseguir un breve que le autorizaba a fundar un convento reformado del Carmen, en el que se viviera con absoluta pobreza, según la Regla primitiva. Santa Teresa desconocía este punto de la Regla. Aquí decide, con el consejo de san Pedro de Alcántara y la oposición de los letrados del momento, que las que quieran entrar con ella en el conventico que tiene en mente, vivirán del trabajo de sus manos y de limosnas, sin rentas ni seguridades. Así que se decide a pedir un tercer Breve Pontificio, que le autorice a realizarlo y que llegará estando ya fundado S. José (V 39,14). Éste fue uno de los puntos que más dificultades le causaron a su regreso a Ávila.

A finales de junio regresa de Toledo a Ávila. Mientras tanto, san Pedro de Alcántara consigue que el obispo, D. Álvaro de Mendoza, tome la proyectada fundación bajo su obediencia. Se superan las últimas dificultades y el 24 de agosto de 1562 se inaugura el conventico de S. José (V 36,5). Teresa tenía 47 años y empiezan, para ella, «los cinco años más descansados de toda mi vida» (F 1,1). 

4 comentarios:

  1. Me impresiona la poca prisa de Dios. La paciencia infinita que tiene y su especial manera de hacer. Nosotros quisieramos todo y ya, con la seguridad de no equivocarnos, para ahorrarnos sufrimientos y trabajos inútiles. Lo que sí "envidio", de Santa Teresa es esa certeza del corazón que le da fuerza ("determinada determinación"). ¡Qué como Santa Teresa, nos pongamos en manos de Dios para realizar Su obra y Cristo sea glorificado en todo!
    Gracias por estas breves enseñanzas de estos días, me están ayudando mucho. Nuria.

    ResponderEliminar
  2. Santa Teresa se crecía cuando tenía dificultades. Ella pensaba que si el demonio pone resistencia es porque se le hará mucho daño con esa obra. Y yo tantas veces me acobardo ante pequeñeces... ¡Señor, ten piedad! Paolo

    ResponderEliminar
  3. La decisión de Teresa me lleva a una personal y profunda reflexión.
    Nada la detiene cuando se trata de responder a un deseo del Señor.No
    se acobarda ante la clara oposición de casi todos los que la rodean.
    Señor,que también nosotros seamos fieles,que prescindamos de las opiniones de los demás si piensan que algo es una locura.
    Quiero fundar en mi corazón "un conventico"para El.Betania

    ResponderEliminar
  4. En 1587 San Juan fundó en Bujalance el segundo convento de Carmelitas Descalzos de Córdoba (hoy desaparecido). Más tarde, a principios del XVII se fundaría el monasterio de San José y Santa Teresa, de Carmelitas Descalzas. Su iglesia, cuya portada recuerda a la de la iglesia del Convento de San José de Ávila tiene la particularidad de estar perfectamente orientada hacia éste, el primer convento de la Orden. Es algo que no he visto en ningún otro monasterio de la Orden, pero no creo que sea casual, en un pueblo donde los dos templos parroquiales siguen la orientación por advocación (hacia el orto/ocaso solar en el día de la onomástica del santo titular). ¿Conocen Uds. algo sobre este asunto? Pueden ver este vídeo para verificar la orientación: http://www.youtube.com/watch?v=BRSIlGnrIYM

    ResponderEliminar