Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 15 de agosto de 2012

La Asunción de la Virgen (3)


La fiesta de hoy nos invita a poner los ojos en el cielo, en la vida eterna, que es nuestro destino, nuestra patria verdadera, la meta de nuestro caminar.

María nos precede y nosotros esperamos participar un día de su suerte. Nos lo dice el Apocalipsis: El dragón [=el maligno] no pudo con la mujer [=la Virgen María, la Iglesia, cada creyente], ni podrá nunca, porque Dios la protege. 

Las fuerzas del mal siguen haciéndonos la guerra, pero no pueden tener la última palabra, ya que el triunfo final es de nuestro Dios y del Cordero, vencedor de la muerte. 

En nuestros sufrimientos y tribulaciones miremos a María. Ella nos precede y nos asegura el destino de vida y felicidad que está reservado para los que perseveren en la fe.

San Juan de la Cruz dice que las almas que viven una altísima experiencia de unión con Dios en esta vida no mueren de muerte natural, sino de un acto de purísimo amor, por el que se unen definitivamente con Cristo. 

Sor María de Jesús de Ágreda, en su Mística Ciudad de Dios, escribió que "La enfermedad que le quitó la vida a María fue el amor, sin otro achaque ni accidente alguno"

Por eso se habla de la “dormición” de María. Su muerte fue un pasar de este mundo al cielo sin violencia ni sobresaltos. 

Que nuestro amor por Cristo crezca cada día, para que Él se determine a romper definitivamente la “tela del encuentro” y nos una consigo para siempre. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario