Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 16 de enero de 2026

JESÚS, PASTOR Y CORDERO. Domingo 2 del Tiempo Ordinario, ciclo "a"


Ya hemos dejado atrás las fiestas de Navidad y estamos en el Tiempo Ordinario, ese tiempo tranquilo que nos recuerda que Dios no se hace presente solo en los momentos extraordinarios, sino en cada acontecimiento, todos los días de nuestra vida.

El verde de este tiempo litúrgico nos invita a crecer, a dar frutos de esperanza, amor y vida eterna en lo cotidiano, en las tareas sencillas y en los gestos de cada día.

Hoy, Juan Bautista señala a Jesús y dice: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Nos invita a mirar a Cristo y reconocerlo como aquel que se entrega y se hace pequeño por nosotros.

Jesús es nuestro Pastor, pero también es Cordero. Se acerca a nuestra fragilidad, comprende nuestras pruebas y las carga con nosotros. Como dice el Apocalipsis: «el cordero será su pastor» (Ap 7,17). Y san Pedro nos recuerda que hemos sido redimidos «con la sangre preciosa de Cristo, cordero sin mancha» (1Pe 1,19).

San Pablo, en la segunda lectura, nos llama a vivir invocando el nombre de Jesús, confiando en su guía y dejándonos transformar por su amor. La grandeza de Dios se muestra en la humildad de Cristo: el eterno se hace temporal, el Rey se hace siervo, el Pastor se hace Cordero.

Fray Luis de León lo expresó con gran belleza: Cristo es León y Cordero; fuerte y protector con quienes nos dañan, manso y lleno de amor con nosotros. Su fuerza no destruye, sino que abraza; su poder se mide en misericordia y su grandeza en mansedumbre.

Hoy estamos invitados a seguirle, a recorrer la senda de los pequeños y de los sencillos que confían. A aprender de su paciencia y a dejarnos guiar por su mano. No dejemos que lo ordinario nos distraiga: en cada gesto, en cada encuentro, Jesús está a nuestro lado, ofreciéndonos su amistad y su amor.

Señor Jesús, Pastor y Cordero, que ocultas tus secretos a los soberbios y los revelas a los humildes, enséñanos a seguirte con confianza, a vivir con mansedumbre y a abrir nuestro corazón a tu amor infinito. Amén.

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