Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 21 de enero de 2026

JESÚS APRENDIENDO A ORAR


Esta obra pintada por Simon Dewey nos invita a contemplar un instante de la “vida oculta” de Cristo en Nazaret: Jesús aprendiendo a orar en la sencillez de un hogar galileo. No hay palacios ni pompa, sino un humilde taller que recuerda que Dios quiso revelarse en la modestia de lo cotidiano, en la cotidianeidad de la familia y del trabajo.

La luz del cuadro brota de una pequeña lámpara de aceite sobre la mesa, evocando la Palabra que ilumina nuestro caminar: “Lámpara es tu palabra para mis pasos” (Salmo 119,105). Esa luz cálida acaricia el rostro de María y se refleja en el niño Jesús, uniendo a madre e Hijo en un mismo acto de recogimiento y entrega.

Jesús, en su humanidad, “crecía en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,52), y fue María la maestra que le enseñó a dialogar con el Padre. No es sorprendente que aprendiera tan bien, con tan buena maestra.

Como recuerda la carta a los Hebreos, al entrar en este mundo, Jesús oró diciendo: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has dado un cuerpo; he aquí que vengo a hacer tu voluntad” (Heb 10,5-7). Es la misma disposición que María expresó en la Anunciación: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Contemplar a Jesús y a María en este gesto humilde de oración nos enseña a poner nuestra vida en manos del Padre, a repetir con el corazón abierto: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. En esa entrega silenciosa y confiada se revela el secreto de la verdadera sabiduría y de la vida espiritual: vivir en unión con Dios, aquí y ahora, en lo pequeño y en lo cotidiano.

Que el ejemplo de Jesús y María nos inspire cada día a abrir nuestro corazón a la voluntad de Dios, aprendiendo a orar con sencillez, confianza y amor. Amén.

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