Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 21 de enero de 2026

NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA. Presentación y un canto en su honor


El 21 de enero, el mismo día que en Roma se celebra la memoria de santa Inés, mártir de comienzos del siglo IV, el pueblo dominicano festeja con especial cariño a Nuestra Señora de la Altagracia, protectora y madre espiritual de la nación, a la que afectuosamente llaman “Tatica”. Ambas celebraciones, aunque distintas, convergen en una misma confesión de fe: la entrega confiada a Dios y la certeza de que él actúa en la historia a través de la humildad y la fidelidad.

La devoción a la Virgen bajo el título de Nuestra Señora de Gracia o de las Gracias es muy antigua y extendida en el ámbito hispano. En diversas localidades españolas, especialmente en Extremadura, se la invoca como Nuestra Señora de la Alta Gracia o Altagracia. Desde ese contexto devocional parece proceder la venerada imagen dominicana, llegada a la isla a comienzos del siglo XVI, en los primeros años de la evangelización, y custodiada desde entonces en Higüey, corazón mariano del país.

La imagen de la Altagracia es una pintura realizada en un taller español con claras influencias del arte flamenco. Pertenece al tipo iconográfico de la “Virgen de Belén”, muy difundido en los siglos XV y XVI. En ella, María aparece en actitud de adoración ante el Niño Jesús dormido, signo del misterio de la encarnación: Dios que se entrega en la fragilidad. San José, discretamente situado en un segundo plano, sostiene una vela encendida, símbolo de la fe vigilante que protege el misterio sin poseerlo. La escena, silenciosa y contemplativa, invita a la adoración y a la confianza.

La primera ermita dedicada a la Virgen de la Altagracia en Higüey data de 1572, testimonio de una devoción temprana y profundamente arraigada. Con el paso de los siglos y el crecimiento de la población, surgió la necesidad de un santuario más amplio. La actual basílica, construida entre 1954 y 1971, es un destacado ejemplo de la arquitectura "brutalista", caracterizada por la fuerza expresiva del hormigón y las formas audaces. Cuando se inició la obra, la ciudad contaba con unos 10.000 habitantes; hoy supera los 200.000, y el santuario sigue siendo lugar de peregrinación, oración y esperanza.

La fiesta de la Altagracia subraya el papel de María como mujer creyente, que acoge el don de Dios y lo ofrece al mundo. Ella no retiene al Hijo, sino que lo presenta para la vida de todos. Por eso, el pueblo dominicano acude a “Tatica” como a una madre cercana, que acompaña, consuela y enseña a vivir desde la fe sencilla y perseverante.

Oración. Santa María de la Altagracia, madre humilde y atenta al misterio de Dios, acoge a tu pueblo bajo tu mirada maternal. Enséñanos a adorar a tu Hijo con corazón sencillo, a custodiar la fe en medio de la noche y a vivir confiados en la gracia que Dios nos regala cada día. Protege a la República Dominicana y a todos los que a ti acuden con esperanza. Amén.

En el vídeo podemos escuchar un hermoso canto en su honor.

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