Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 30 de enero de 2026

HIMNO A MARÍA AUXILIADORA. Letra y comentario


María Auxiliadora es la madre y patrona de la familia salesiana. La fiesta de san Juan Bosco (el fundador) es el 31 de enero. La fiesta de santa María Mazzarello (fundadora de la rama femenina) el 13 de mayo. La fiesta de la Virgen Auxiliadora (su especial protectora) el 24 de mayo. Primero copio la letra de su himno y, después, lo comento:

Rendidos a tus plantas, Reina y Señora,
los cristianos te aclaman su Auxiliadora. (bis)

Yo tus auxilios vengo a pedir,
Virgen Santísima, ruega por mí. (bis)

De este mar tempestuoso, fúlgida estrella,
cada vez que te miro, eres más bella. (bis)

Guíame al puerto salvo y feliz,
Virgen Santísima, ruega por mí. (bis)

En las horas de lucha, sé mi consuelo,
y, al dejar esta vida, llévame al cielo. (bis)

En cuerpo y alma me ofrezco a ti,
Virgen Santísima, ruega por mí. (bis)

1. “Rendidos a tus plantas, Reina y Señora…” El punto de partida es la actitud del creyente: "rendidos a tus plantas". No se trata de humillación servil, sino de un reconocimiento amoroso de una realeza que brota de la maternidad divina. María es Reina porque es Madre del Rey, y su señorío es de intercesión, no de dominio.

Llamarla "Auxiliadora" sitúa el himno en clave existencial: la vida cristiana es combate, fragilidad y camino. María no sustituye a Cristo, sino que ejerce su misión materna dentro del único auxilio que es la gracia de Dios. Cuando el creyente se sabe pequeño, la descubre cercana.

2. “Yo tus auxilios vengo a pedir…” Aparece la dimensión personal: ya no es solo la asamblea, sino el "yo" que suplica. La auténtica espiritualidad une devoción afectiva y actitud teologal.

“Ruega por mí” expresa el núcleo de la mediación mariana. María no es la salvadora; es intercesora; aunque su intercesión es singular, unida a su maternidad espiritual. 

3. “De este mar tempestuoso, fúlgida estrella…” El himno adopta el gran símbolo cristiano y carmelita de María como "Stella Maris". El mundo es mar tempestuoso: inestabilidad, tentación, sufrimiento. La fe no idealiza la vida. María es estrella, no puerto: no elimina la noche, pero orienta en ella.

“Cada vez que te miro, eres más bella” expresa una experiencia espiritual: quien crece interiormente descubre cada vez más la santidad de María, transparencia de la belleza de Dios.

4. “Guíame al puerto salvo y feliz…” La meta no es solo superar dificultades, sino llegar al puerto, imagen de la salvación. María acompaña la travesía y orienta hacia Cristo, el verdadero puerto.

La felicidad evocada no es bienestar pasajero, sino plenitud definitiva. El himno educa el deseo, orientándolo hacia el cielo.

5. “En las horas de lucha, sé mi consuelo…” Se evocan dos momentos límite: la lucha y la muerte. En la prueba y el cansancio, María es consuelo como presencia que sostiene la esperanza. En la hora de “dejar esta vida”, aparece la dimensión última de su maternidad: acompañar el tránsito, cuando el hombre queda radicalmente pobre.

6. “En cuerpo y alma me ofrezco a ti…” El himno culmina en una entrega total. “Cuerpo y alma” indica la persona entera, con su vida concreta y sus límites. Esta ofrenda a María es, en el fondo, un camino hacia Dios: consagrarse a ella es ponerse a disposición de la voluntad divina, como ella lo estuvo.

En conjunto, el himno traza un itinerario espiritual: confianza, súplica, orientación en la noche, esperanza de salvación, consuelo en la lucha y entrega total. Es la vida cristiana vivida con la certeza de una Madre que auxilia en el camino hacia Dios.

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