Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 11 de enero de 2014

El bautismo del Señor


El primer domingo después de la fiesta de Epifanía se celebra el Bautismo de Jesús, que es la conclusión del tiempo litúrgico de Navidad. Ya hemos hablado del lugar donde tuvo lugar: Betania al otro lado del Jordán.

Los cuatro evangelistas y los Hechos de los Apóstoles testimonian con unanimidad que el bautismo de Jesús supone el inicio de su vida pública. 

San Mateo (el evangelista que se lee este año) solo usa una fórmula convencional para situarlo: «En aquellos días». 

San Lucas, sin embargo, utiliza unas palabras especialmente solemnes, que lo enmarca en el gran contexto de la historia universal: «El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea, su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás» (Lc 3,ls). 

Haciendo referencia al emperador y a los que gobiernan en su nombre, se pone a Jesús en relación con la historia civil y se recuerda que Jesús viene a salvar a todos los hombres, no solo a los judíos. 

Con la referencia a Pilato, a Anás y a Caifás, se anticipa que realizará la salvación con su pasión y su muerte.

En el bautismo, Jesús ha cargado sobre sus espaldas con nuestros pecados, ha revelado el misterio de Dios Trinidad y nos ha abierto el camino de la vida eterna. 

El bautismo indica las consecuencias últimas de la encarnación; es una profecía del destino último del Señor, que se puso en la fila con los pecadores y aceptó liberarlos del pecado y de la muerte, ocupando su lugar.

2 comentarios:

  1. Señor Jesús, bautízame con tu Espíritu y lléname de tu amor.

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  2. Renuevame Señor, y hazme ser una mejor persona cada día. Sonia

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