Quiero compartir un texto de san Juan de la Cruz que transmite una profunda alegría, nacida de la experiencia más alta de la vida espiritual: la unión con Dios. En la «Llama de amor viva», el santo intenta poner palabras (siempre insuficientes) a lo que acontece cuando el alma ya no vive para sí, sino que vive en Dios y desde Dios. El pasaje que comentamos es especialmente luminoso porque no describe esa unión en términos abstractos, sino como una experiencia personal de amor recibido y correspondido:
«Sientes que [Dios] te ama de veras; y como él es generoso, conoces que te ama y hace mercedes con liberalidad, sin algún interés, solo por hacerte bien; y como él es la virtud de la suma humildad, con suma bondad y con suma estimación te ama; e igualándote consigo, mostrándose a ti en estas vías de sus noticias alegremente, con este su rostro lleno de gracias, te dice en esta unión suya, no sin gran júbilo tuyo: “Yo soy tuyo y para ti, y gusto de ser tal cual soy por ser tuyo y para darme a ti”» (Ll B 3,6).
San Juan comienza afirmando: «SIENTES QUE DIOS TE AMA DE VERAS». No se trata de un conocimiento teórico ni de una conclusión lógica, sino de una experiencia inmediata. El verbo «sentir» es decisivo: el amor de Dios no se reduce a una verdad creída, sino que se percibe como una realidad viva, que envuelve y transforma. En este punto, la fe deja de ser solo adhesión intelectual y se convierte en experiencia gustada, saboreada desde dentro.
El místico distingue con claridad entre el conocimiento especulativo y la «noticia amorosa». Cuando afirma que el alma «siente» el amor de Dios, se refiere a una percepción sustancial en el centro mismo del ser. No es un sentimiento emocional pasajero, sino una experiencia ontológica. En la teología sanjuanista, entendimiento y voluntad confluyen, y Dios deja de ser un objeto pensado para revelarse como un tú presente y vivificante.
A continuación, san Juan subraya un rasgo esencial de ese amor: su absoluta gratuidad. Dios ama «SIN ALGÚN INTERÉS». Aquí el santo se sitúa en el corazón del evangelio: Dios no ama porque seamos dignos, sino porque él es bueno. Su liberalidad no responde a cálculo ni a reciprocidad, sino a la sobreabundancia de su ser. Para el alma, descubrir esto es profundamente liberador: ya no necesita justificarse ni ganarse el favor divino; basta dejarse amar.
Resulta especialmente significativo que san Juan atribuya a Dios la «suma humildad». Dios, que nada necesita, se abaja libremente para amar. No se impone por su poder, sino que se ofrece por su bondad. Así queda abolida toda relación mercantil con lo divino: el encuentro nace únicamente del amor.
El texto realiza entonces una afirmación audaz: ese amor no solo consuela, sino que transforma y eleva. Dios, «IGUALÁNDOTE CONSIGO», te hace partícipe de su propia vida. No se trata de una fusión que anula, sino de una comunión que dignifica. El alma participa de las propiedades divinas sin dejar de ser criatura. Es una igualdad de amor por participación, no de esencia.
El culmen llega cuando Dios revela su nombre en clave nupcial: «YO SOY TUYO Y PARA TI». Aquí san Juan traduce existencialmente el nombre bíblico de Yahvé. El «Yo soy» se revela como don y pertenencia amorosa. Dios define su gozo en darse, y el alma descubre, con júbilo indecible, que el fundamento último de la realidad es el amor.
Oración. Señor Dios, Amor gratuito y fiel, que en la entrega de tu Hijo nos has revelado que tu gloria consiste en darnos vida y plenitud: concédenos la gracia de no perdernos en lo accesorio de nuestra religión, sino de vivir centrados en lo esencial. Que, ante el asombro de tu amor sin medida, caigan nuestras defensas y prejuicios, y que, transformados por tu Espíritu, vivamos en la libertad gozosa de tus hijos. Que tu amor, más fuerte que la muerte, sea el ancla de nuestra esperanza y la fuente inagotable de nuestro gozo. Amén.

Amén!! Qué hermosa reflexión!!Dios me ama y lo siento!!
ResponderEliminar💎 no es espejismo desgastante, es certeza absoluta, Dios en mí.
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