Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Oración de fin de año


El año se apaga como una hoguera que ha consumido ya casi toda la leña y solo permanecen las brasas. Pronto se encenderán otros fuegos, que volverán a iluminarnos y a darnos calor, pero este llega a su término. En este día final de 2025, repasamos lo vivido con gratitud serena y nos asomamos a lo que viene con una mezcla inevitable de temor y esperanza.

Casi espontáneamente pronunciamos una expresión aprendida desde niños: «Año nuevo, vida nueva». La decimos sin detenernos demasiado, pero en esas palabras habita un deseo profundo: que el tiempo no sea solo desgaste de lo ya recorrido, sino camino abierto; que el mañana no sea simple repetición del ayer, sino promesa de algo nuevo, quizá inesperado, pero mejor. El creyente sabe que este anhelo no es un espejismo. Tiene un nombre y un rostro: Jesucristo, alfa y omega, principio y fin, Señor del tiempo y de la historia.

La Escritura nos recuerda que hay un tiempo para cada cosa: para llorar y para reír, para sembrar y para cosechar, para callar y para hablar. La sabiduría no consiste en controlar el futuro ni en adivinar lo que vendrá, sino en acoger cada momento con paz, discerniendo lo que toca vivir y asumir. Como enseñaba san Juan de la Cruz, la verdadera espiritualidad es vivir cada instante como lo viviría Cristo, si tuviera nuestra edad, nuestra condición y se encontrara en nuestras mismas circunstancias.

Al cerrar el año nos colocamos, sencillamente, ante el Señor con un corazón orante. Le damos gracias por todo lo bueno recibido, incluso por lo pequeño y cotidiano. Le pedimos perdón por lo que no supimos hacer bien, por las veces que no vivimos según el evangelio. Y ponemos en sus manos el año que comienza: nuestras vidas, nuestras familias, la humanidad entera.

Aunque ignoremos lo que traerá el mañana, confiamos en aquel que sabe escribir derecho con renglones torcidos. Si caminamos unidos a él, todo tiempo puede convertirse en gracia. Con esta certeza, y con esperanza humilde, nos deseamos de corazón: ¡Feliz Año Nuevo!

1 comentario:

  1. Feliz Año Nuevo padre Eduardo, tomados de la mano de Dios comenzaremos un año más: 2026 esperando que sea lleno de bendiciones, fe y esperanza que cada dia sea alimentado por el Espíritu Santo y acompañado por nuestra Madre Maria y su esposo San José, abrazos y besos para usted Padre Eduardo.

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