Cada año, el 16 de julio, la Iglesia celebra con alegría la fiesta de la Virgen del Carmen, madre y patrona de la familia carmelitana, protectora de los marineros y pescadores, patrona de Chile y de innumerables ciudades, parroquias e instituciones repartidas por todo el mundo. Para prepararnos a esta gran fiesta, mañana comienza la tradicional novena, que se prolongará del 7 al 15 de julio. Este año la predicaré en Bilbao.
Una novena no consiste simplemente en repetir unas oraciones durante nueve días. Es, sobre todo, un tiempo privilegiado para renovar nuestra amistad con María y, por medio de ella, acercarnos más a Jesucristo. Igual que la Iglesia prepara la Navidad con el Adviento y la Pascua con la Cuaresma, también las grandes fiestas marianas se viven mejor cuando dedicamos unos días a disponer el corazón.
Cuando hablamos de la Virgen del Carmen no nos referimos a una María distinta de la Virgen de Lourdes, del Pilar, de Fátima o de Guadalupe. Siempre es la misma María de Nazaret, la madre de Jesús, a quien veneramos bajo distintos títulos, normalmente relacionados con un santuario o con una advocación particular. En este caso, el nombre procede del Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde desde hace siglos los carmelitas honran a María como "Stella Maris", la Estrella del Mar.
La antigua oración "Flos Carmeli", compuesta en el siglo XIII por san Simón Stock, resume admirablemente la espiritualidad carmelitana. En ella María aparece como la flor más hermosa del Carmelo, la viña fecunda que da el mejor fruto, el esplendor del cielo que ilumina nuestros caminos, la Virgen llena de gracia, la Madre tierna que nos conduce siempre hacia Jesús y la Estrella del Mar que orienta a quienes navegan entre las dificultades de la vida.
Por eso, vivir la novena significa mucho más que rezar unas fórmulas. Es procurar cumplir con mayor fidelidad nuestros deberes cotidianos, ser más pacientes y serviciales, alejarnos del pecado, practicar la caridad con quienes más lo necesitan, buscar la reconciliación en el sacramento de la confesión y alimentar nuestra vida cristiana con la Eucaristía. En definitiva, se trata de pasar nueve días "en estado de novena", dejándonos acompañar por María para aprender de ella a escuchar la Palabra, confiar plenamente en Dios y seguir más de cerca a su Hijo.
Que estos días de preparación sean para todos una oportunidad de renovar nuestra fe y de experimentar la cercanía de la Virgen del Carmen, que nunca deja de conducirnos hacia Jesucristo, único Salvador del mundo.

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