Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 11 de octubre de 2012

Comentario al Credo (3)

Creo en Dios Padre Todopoderoso. Cuando afirmamos que Dios es «Todopoderoso» queremos decir que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1,37). Él ha creado todo lo que existe de la nada y mantiene todo en su existencia. Pero a veces los hombres no comprendemos el actuar de Dios, por eso la Biblia dice: «Mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos» (Is 55,8).

Dios dirige el mundo y mi vida de un modo misterioso hacia su plenitud, por caminos que solo Él conoce. Es lo que llamamos la «Divina Providencia». Él influye tanto en grandes acontecimientos (la salida de Israel de Egipto y la entrada en la tierra prometida) como en cosas muy sencillas (pone un buen sentimiento en mi corazón o me manifiesta su ternura), sin que por ello quede recortada nuestra libertad. De hecho, el hombre puede rechazar (y muchas veces rechaza) la voluntad de Dios.

Pero, si Dios lo puede todo, ¿por qué no impide el mal? Por un lado, debemos recordar que Dios creó un mundo bueno, pero que aún está evolucionando hacia su plenitud; por lo que el «mal físico» (esto es, las catástrofes naturales o las minusvalías) forma parte de las limitaciones de un mundo que no comprendemos ni dominamos totalmente. Hay también otros «males morales» (guerras, violencias, asesinatos) que provienen del mal uso que los hombres hacemos de la libertad, que es un gran don que Dios nos ha dado y respeta. Jesucristo no nos ha explicado el misterio del mal, pero nos ha dicho que el mal no tendrá la última palabra en nuestra historia. De hecho, Dios transformó la muerte de Cristo (con la que los hombres le querían hacer un mal) en el bien más grande de la historia. Así también sacará bienes de los otros males en el momento oportuno, de la manera que solo Él sabe.

«Creemos que esa omnipotencia es universal, porque Dios, que ha creado todo, rige todo y lo puede todo; es amorosa, porque Dios es nuestro Padre; es misteriosa, porque sólo la fe puede descubrirla cuando "se manifiesta en la debilidad"» (Catecismo de la Iglesia Católica, 268). 


Creador del cielo y de la tierra. El mundo no es producto de la casualidad, sino que corresponde a un proyecto eterno de Dios que ha comenzado a realizarse en el momento oportuno, que se está realizando en cada momento y que llegará a plenitud al final de los tiempos. Las mismas leyes de la naturaleza y las ordenaciones naturales son fruto de la obra creadora de Dios. 

El libro del Génesis presenta poéticamente la obra de Dios, que hizo todo en seis días y el séptimo descansó. Así indica que todas las cosas son buenas y corresponden a un proyecto amoroso que se va realizando en el tiempo y que llegará a plenitud cuando todo entre en su descanso, cuando lleguemos a la perfecta comunión de amor con Dios, para la que hemos sido creados. El ser humano también está llamado a trabajar durante su vida mortal, transformando la creación para ganarse el alimento. El descanso semanal le ayuda a recordar que Dios es el único creador y los hombres son solo colaboradores. Por eso el hombre interrumpe su trabajo, para dar gracias a Dios por el don de la vida y por todas las cosas hermosas que ha creado.

«Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría. Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad» (Catecismo de la Iglesia Católica, 295).

2 comentarios:

  1. Yo creo que Dios ha creado todo, pero más aún creo que Él ME HA CREADO por amor, que mi vida tiene un sentido porque corresponde a un plan amoroso de Dios que un día se manifestará. Y esto me da una paz inmensa. Paolo.

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  2. El comentario de Paolo,como siempre conciso y profundo,me ha hecho
    ver mi poca fe y la poca vivencia de ese plan amoroso de Dios sobre mi.Gracias

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