Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 20 de diciembre de 2015

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña


En este cuarto domingo del tiempo de Adviento, en el evangelio de la misa leemos la escena de la visitación de María a su prima Isabel: «María se puso en camino y fue aprisa a la montaña» (Lc 1,39). Ella es modelo de fe, de acogida orante de la Palabra de Dios, y también de servicio, de atención a los demás.

Las actitudes de María se convierten en el modelo que los cristianos deben seguir para vivir el Adviento y la Navidad: su fe, su silencio, su oración, su alabanza agradecida al Padre, su disponibilidad a la voluntad de Dios y al servicio.

Al llegar a casa de su prima, Isabel saludó a María diciendo: «Dichosa tú, que has creído». Esta es la primera bienaventuranza de los evangelios, que alaban la fe de María como modelo para todos los creyentes de todos los tiempos.

Coincide con la última bienaventuranza de los evangelios, en la que Jesús resucitado dice al apóstol Tomás: «Dichosos los que creerán sin haber visto», dichosos los que se parezcan a María, la peregrina de la fe.

Así, el inicio y el final de la Buena Noticia es una alabanza de la fe, la virtud que necesitamos para poder entender y celebrar correctamente el misterio de la Navidad.

La fe y el servicio, el servicio y la fe. En María van juntas y en nuestras vidas debería ser así también. Este es el mensaje de este domingo y de todos los días del año para los cristianos.

Como la fiesta de la visitación de la Virgen se celebra el 31 de mayo, he hablado de este evangelio en esa fecha en los años 2012, 2013 y 2014. También cuando traté de «María, nueva arca de la nueva alianza». He hablado de la localidad en la que eso sucedió en varias ocasiones, como en esta entrada titulada: "Ein-Karem, la casa de san Juan Bautista" y en esta otra titulada: "Ain Karem, la patria de san Juan Bautista".

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