Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 16 de diciembre de 2013

Nuestra Señora de la Esperanza de Calasparra (1)


El 18 de diciembre se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Esperanza, de la Expectación o de la "O". Ya hemos explicado el origen y significado de esta fiesta en esta entrada, en la que también pusimos varias fotografías de la Virgen embarazada. Hoy quiero hablarles del santuario de la Virgen de la Esperanza en Calasparra (Murcia, España), con el que me une un especial cariño, ya que fui su capellán durante el año jubilar de 2008. Aquí pueden consultar la página del santuario, con numerosas fotografías.


Ese templo tiene la originalidad de encontrarse situado en el interior de una cueva natural, rodeado por un paisaje de singular belleza. Las aguas del río Segura han modelado el terreno durante milenios, hasta formar un original cañón y las cuevas que albergan la ermita con sus dependencias, la casa del ermitaño, el albergue y la tienda de recuerdos. 


La devoción a Nuestra Señora de la Esperanza, la singularidad del enclave natural que rodea su santuario y los afamados arroces de la zona (con denominación de origen), han hecho de Calasparra una de las ciudades más visitadas del Noroeste murciano.

Las cuevas naturales que podemos encontrar en esa zona han sido habitadas desde época prehistórica, como demuestran las pinturas rupestres, con más de 4.000 años de antigüedad, que se conservan en el “abrigo del pozo”, popularmente conocido como la “cueva de los monigotes”. 

Excavaciones arqueológicas han sacado a la luz también restos de armas y enterramientos. En el Cerro de la Virgen, Terratremo y Cabezo de las Juntas se conservan abundantes restos celtibéricos y cerámicas griegas. 

Romanos, visigodos y musulmanes han dejado también la huella de su paso por esa tierra, como se puede comprobar en el museo arqueológico municipal. 

Con la reconquista del reino de Murcia, en 1266, Calasparra volvió a ser territorio cristiano. En 1289 la villa fue donada por el rey Sancho IV a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, que mantendrá la administración hasta 1835. En nuestros días cuenta con unos 10.000 habitantes.

Cuenta la tradición que la imagen pequeña de Nuestra Señora de la Esperanza fue encontrada durante los primeros años de la reconquista, en una concavidad de la cueva-santuario. 

Un pastor que cuidaba de su rebaño tiró una piedra adonde estaba una oveja, que se había alejado de las otras, para hacerla regresar con las demás. La piedra se introdujo por una oquedad y golpeó en algún objeto. Al pastor le llamó la atención el sonido y se encaramó para ver qué había escondido en el agujero. Allí encontró la imagen de la Virgen cubierta por una tela. 

El pastor comunicó su hallazgo en el pueblo y los calasparreños decidieron llevar la imagen a la iglesia parroquial. Sorprendentemente, cada vez que intentaban moverla, la imagen se hacía tan pesada que era imposible su transporte, por lo que se decidieron a venerarla en el interior de la cueva donde había sido hallada.

Nuestros antepasados creían que la imagen fue escondida por los cristianos durante la invasión musulmana, para evitar que fuera profanada. Al encontrarla varios siglos después, se sentían en comunión con los creyentes que vivieron pacíficamente su fe en estas tierras hasta la llegada de los moros y entroncaban directamente con las comunidades cristianas fundadas en tiempos apostólicos en nuestro país. 

En muchos lugares de España se tienen tradiciones similares. Nos pueden servir de ejemplo la Virgen de la Almudena (patrona de Madrid), la Virgen del Puig (patrona del Reino de Valencia), la Virgen de Guadalupe (patrona de Extremadura), la Virgen de Montserrat (patrona de Cataluña), etc. Todas fueron escondidas durante la invasión islámica y fueron reencontradas durante la Reconquista. En todos los casos se construyeron ermitas en los lugares donde se encontraron y sus santuarios llegaron a ser el signo de identidad de los cristianos de su entorno.

Desde que el pastor encontró la sagrada imagen, la cueva empezó a llamarse “cueva de la Virgen” o “cueva de la Fuensanta” (de la Fuente Santa), por el pequeño manantial de agua que brota ininterrumpidamente del techo de la cueva, en el interior de la ermita. 

La imagen de la Virgen era llamada “Nuestra Señora de la Fuensanta”, a causa de dicha fuente; aunque también se la denominaba “Nuestra Señora de la Esperanza”, porque tiene los brazos abiertos en actitud de oración y el manto sujetado por un lazo sobre la cintura, que se abulta ligeramente, indicando que está embarazada.

Durante siglos, la imagen de la Virgen fue venerada en el interior de la cueva, a la que acudían los vecinos a rezar, especialmente los pastores, que también la utilizaban para proteger sus rebaños de las inclemencias del tiempo. 

No sabemos cuándo se adapta la gruta como lugar de culto, con muros de protección y altar para la celebración eucarística. La primera referencia escrita a la existencia de una ermita en este lugar es de 1609, y corresponde al informe de una visita canónica por parte de los caballeros de la Orden de San Juan: «Y en dicho día (21 de abril de 1609) visitaron y vieron por sus ojos la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, la cual fundó e hizo por devoción el licenciado Benítez de Munera, prior y vicario de esta villa (de Calasparra), la cual está con mucha decencia y devoción y está bien reparada». Posiblemente, dicha construcción fue una ampliación y embellecimiento de otra anterior. 

En informes posteriores se da cuenta de la situación de la ermita y de su ajuar en cada momento: retablos, cuadros, imágenes religiosas, candelabros, exvotos, etc. Así vemos que se alternaron momentos gloriosos y otros de expolio y semi-ruina.

En 1617, Dª Juana Sánchez dejó en herencia a la ermita la imagen de vestir, que se conserva hasta hoy, con sus trajes y joyas, tal como podemos leer en su testamento: «Mando se dé a la ermita de la Fuensanta una imagen que yo tengo de Nuestra Señora, con el rostro y las manos de madera, con sus vestidos, la cual sirva en su altar mayor de la advocación de Nuestra Señora de la O, o de la Esperanza, y de allí no se quite…». 

La referencia al «altar mayor» nos indica que existían otros laterales, especialmente el situado delante del lugar de la aparición. Al principio, las dos imágenes de la Virgen se veneraron por separado. La pequeña permaneció en la oquedad donde fue encontrada, mientras que la grande fue situada sobre el altar mayor, en el presbiterio. (Continuará mañana).

2 comentarios:

  1. Todo muy interesante.Animo a hacer una visita a los que viven cerca..
    Que nuestra esperanza permanezca viva y se acreciente.

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  2. Estimado padre Eduardo,
    Me confesó usted en el santuario, ese año jubilar, mi primera confesión en unos quince años. Fue usted el mejor juez y médico que pude haber encontrado, una gracia muy especial del Señor.
    NI antes ni después nos hemos visto así que nunca, salvo justo al terminar esa confesión, se lo agradecí. Muchísimas gracias.
    Sigo teniéndolo presente en mis oraciones y ruego a Dios que lo cuide y bendiga.

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