Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 4 de diciembre de 2016

Liturgia del segundo domingo de Adviento


Hoy se celebra el segundo de los cuatro domingos de Adviento, en los que nos preparamos para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro.

Ya he hablado de los contenidos de la liturgia de hoy en esta entrada titulada: "Domingo II de Adviento: el juicio del Señor".

He profundizado en este argumento en la entrada titulada: "Preparen el camino al Señor".

En la oración inicial de la misa pedimos al Señor, que es rico en misericordia, que, cuando salimos animosos al encuentro de su Hijo, no permita que lo impidan los afanes del mundo, y que nos guíe hasta él con sabiduría divina, para que podamos participar plenamente del esplendor de su gloria.

En la oración del ofertorio suplicamos al Señor que le conmuevan los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza y, al vernos desvalidos y sin méritos propios, acuda compasivo en nuestra ayuda.

En la oración después de la comunión pedimos que, alimentados con la eucaristía, nos dé sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo.

La primera lectura (Is 11,1-10) habla de la venida del mesías, que con la fuerza del Espíritu Santo establecerá la justicia entre los hombres y establecerá un reino de paz para todas las criaturas.

El salmo responsorial (Sal 71) canta: «Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente». Pedimos que se cumpla lo que anunciaba la primera lectura.

La segunda lectura (Rom 15,4-9) pide que Dios, que es «fuente de toda paciencia y consuelo» sea nuestra fortaleza para que vivamos como verdaderos hijos suyos: amándonos y perdonándonos unos a otros.

El evangelio (Mt 3,1-12): recuerda la predicación de san Juan Bautista, que nos invita a la conversión y a preparar la venida del Señor con una vida conforme a sus enseñanzas.

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