Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 16 de diciembre de 2017

Domingo 3 de Adviento: El Señor es nuestra alegría


El profeta Isaías nos ha entonado un pregón lleno de optimismo: «Desbordo de gozo en el Señor, me alegro con mi Dios». Las imágenes se suceden llenas de poesía y expresividad: «Como el suelo echa sus brotes», «como un novio que se pone la corona, como una novia que se adorna con sus joyas», «me ha enviado Dios para dar la Buena Noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados...»

No puede ser más esperanzador. El profeta compara al enviado de Dios a unos novios con flores en el pelo y joyas de fiesta. Que es lo que hará Jesús cuando a sí mismo se compare con el novio y el esposo. Tal vez más de uno tendría que cambiar su imagen del mesías, si es que tiende a verle solo como juez riguroso, como predicador de amenazas o aguafiestas.

También Pablo invita a la alegría: «Estad siempre alegres», «el que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas». 

El salmo responsorial de hoy es un canto gozoso: el Magnificat de la Virgen, que así nos da la ocasión de que la reciente fiesta de la Inmaculada resuene en la celebración de hoy y en el clima de nuestro Adviento.

Navidad, antes de ser actividad nuestra, es la celebración de una gracia que nos viene dada y renovada cada año. Y por eso, el Adviento es ante todo alegría, espera, apertura, preparación de fiesta.

Texto de José Aldazábal.

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