Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 2 de abril de 2015

La Última Cena de Jesús


Antes de padecer, Jesús confesó a sus discípulos: «¡Ardientemente he deseado cenar esta Pascua con vosotros!» (Lc 22,15). Finalmente ha llegado el momento definitivo, la «hora» de la verdad, el banquete tantas veces pregustado y deseado.

En la Última Cena, Jesús sorprende a todos con sus palabras y con sus acciones: lava los pies a los apóstoles y les regala la Eucaristía. La postura interior, simbolizada en el lavatorio, toma cuerpo en el reparto de sí mismo, que anticipa e introduce la Pasión.

Jesús asocia sus discípulos a su Pascua

Lo primero que llama la atención es la insistencia de Jesús en unir sus discípulos a su Pascua y a su destino. 

Ellos quieren prepararle la Pascua y preguntan: «¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?» (Mt 26,17; Mc 14,12). Parece como si pretendieran distanciarse de Él, quizás por el miedo ante lo que estaba por llegar. 

Él quiere celebrarla con ellos y les dice: «Encontraréis un hombre. Preguntadle dónde está la sala para que yo celebre la Pascua con mis discípulos» (Mt 26,18; Mc 14,14; Lc 22,8.30). 

De esta manera, les hace partícipes de su futuro sufrimiento y posterior destino glorioso: «Vosotros habéis perseverado conmigo en mis pruebas. Yo os entrego la dignidad real que mi Padre me entregó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa cuando yo reine, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Lc 22,29-30).

El lavatorio de los pies

El evangelista san Juan introduce la narración del lavatorio de los pies con un lenguaje especialmente solemne: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). 

Para entender el gesto no hemos de pensar en nuestras calles asfaltadas y con alcantarillado. En la época de Jesús, en las calles de tierra se tiraban los restos orgánicos y las comidas de los animales. Además, pocas personas usaban calzado, y las que lo llevaban se limitaban a unas simples sandalias. 

Lavarse los pies al entrar en casa era un ritual obligado y necesario. En las familias pudientes lo hacían los esclavos. En las familias pobres, la esposa o las hijas. 

Para los judíos, era algo tan humillante que un rabino podía pedir cualquier servicio a sus discípulos, excepto que le lavaran los pies. 

Al entrar en una casa prestada para la cena, ningún miembro del grupo se sintió llamado a hacer este servicio. Jesús se quitó el manto y lavó los pies de los discípulos. Voluntariamente ocupó el lugar de los esclavos y de las mujeres, se puso en el lugar más bajo, indicando dos cosas: que Él viene a servir y que no admite que unas personas sean consideradas inferiores a otras.

En otra ocasión, el Señor había dicho: «Cuando el siervo llega a casa después de haber trabajado todo el día en el campo, sirve primero a su amo y después se sienta él a la mesa» (cf. Lc 17,7-8). 

Sin embargo, Jesús es el Señor que atiende a los criados y les lava los pies; que no vino a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por muchos (Mt 20,28; Mc 10,45). 

La institución de la Eucaristía

El relato más antiguo que conservamos de lo que sucedió en la Última Cena dice así: «Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, dando gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed todos, porque esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en conmemoración mía”. Y lo mismo hizo con el Cáliz» (1Cor 11,23ss). 

San Pablo lo escribió hacia el año 55 y afirma que sus enseñanzas son una «tradición» que él ha recibido como proveniente del Señor.

En la noche «en que iba a ser entregado», Jesús «se entrega», plenamente consciente del significado de lo que está haciendo y de lo que va a suceder después y pide a sus discípulos que celebren perpetuamente el «memorial» de su entrega. 

El rito eucarístico de la cena ha conservado acciones y palabras de Jesús que, después de su muerte y resurrección, aparecen llenas de significado y revelan la actitud de Jesús: Él mismo ofrece su vida. 

No se somete pasivamente a la muerte, sino que se entrega en conformidad con el plan amoroso de Dios, del que su muerte forma parte, dejando a Dios la última palabra. Los hombres pensaban que le arrebataban la vida; sin embargo, Él se adelanta y dice: «esto es mi Cuerpo, que se entrega por vosotros [...]; esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por vosotros» (Lc 22,19-20).

Cristo pide a sus Apóstoles que sigan celebrando la cena como memorial suyo. No se trata de un simple recuerdo, sino de una verdadera y real actualización y comunión en el ofrecimiento que el Señor hace de sí mismo. 

Los apóstoles (es decir, la Iglesia) reciben un ministerio que es participación y ha de ser reflejo de la misión de Cristo en la Tierra: anuncio del reino, comunión de vida con el Padre y entre ellos, servicio generoso a todos los hombres. 

El mandamiento del amor fraterno

Jesús no pide a sus discípulos que sean buenas personas, que se amen mucho. Él quiere mucho más: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 13,34). 

Es la traducción de un precepto que encontramos también en los otros evangelios: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt 5,48), «Sed compasivos como el Padre es compasivo» (Lc 6,36). Por eso san Pablo pide: «Tened los mismos sentimientos de Jesús» (Flp 2,5), que son los sentimientos de Dios. 

El punto de partida no es el mandamiento («Amaos los unos a los otros») sino el don («como yo os he amado»). 

Porque Él nos ha amado primero, nos ha enseñado qué es el amor y nos ha capacitado para amar.

En el blog ya he tratado con detenimiento varios temas relacionados con las celebraciones de hoy. En concreto, pueden profundizar en la historia y celebraciones del Jueves Santo aquí y en el lavatorio de los pies aquí.

8 comentarios:

  1. Gracias Padre
    Muy profundo el llamado que el Señor
    Me esta haciendo.
    Aunque voy en su camino, me falta mucho para parecerme a el.
    Esta Cuaresma a sido especial para mí,
    Creo que a sido la primera cuaresma de toda la vida que Dios me a dado.
    En la que e hecho conciencia, de cuanto me hace falta crecer.
    Pero también reconozco que el Señor en su inmensa misericordia me a tenido tanta paciencia.
    Tantos años espero por mi para que reconociera mis pecados.
    Ahora e aprendido a decirle.
    Señor soy pecadora, perdón Señor.
    Y digo a mi Señor: Ayúdame a reconocer mi pecado y el pronto me lo hace saber.

    Que grande es tu amor Jesus quiero Ser como tú lleno de amor para sus hermanos.
    Bendito sea tu nombre Señor Jesus.
    Gracias por tu amir a través de los hermanos.
    Gracias Padre Eduardo Sanz
    Bendiciónes...


    ResponderEliminar
  2. Gracias Padre
    Muy profundo el llamado que el Señor
    Me esta haciendo.
    Aunque voy en su camino, me falta mucho para parecerme a el.
    Esta Cuaresma a sido especial para mí,
    Creo que a sido la primera cuaresma de toda la vida que Dios me a dado.
    En la que e hecho conciencia, de cuanto me hace falta crecer.
    Pero también reconozco que el Señor en su inmensa misericordia me a tenido tanta paciencia.
    Tantos años espero por mi para que reconociera mis pecados.
    Ahora e aprendido a decirle.
    Señor soy pecadora, perdón Señor.
    Y digo a mi Señor: Ayúdame a reconocer mi pecado y el pronto me lo hace saber.

    Que grande es tu amor Jesus quiero Ser como tú lleno de amor para sus hermanos.
    Bendito sea tu nombre Señor Jesus.
    Gracias por tu amir a través de los hermanos.
    Gracias Padre Eduardo Sanz
    Bendiciónes...


    ResponderEliminar
  3. Me quedo con la reflexión de "El lavatorio de los pies, de Sieger Köder"
    Es muy bonita y muy profunda.

    ResponderEliminar
  4. En nombre de los apostoles nos ha creado nos ha llamado Yse ha hecho Pan y Vino
    para darnos vida y vivir en nosotros Nos ha enseñado ha ser servidores de los hermanos Esto es dificil Ana Maria

    ResponderEliminar
  5. QUÉ HERMOSO, PROFUNDO Y ABARCADOR ESTE MENSAJE DE HOY JUEVES. LO COMPARTO DE CORAZÓN SIN AÑADIR COMENTARIOS QUE NO HACEN FALTA EN ABSOLUTO!

    ResponderEliminar
  6. El padre Sieger Koder ha fallecido a primeros de febrero de este año. Dios le tendrá en su gloria. Sus cuadros habría que verlos de rodillas.
    Gracias padre Eduardo por todo lo que nos enseña todos los días.

    ResponderEliminar
  7. Gracias mil como siempre para usted Padre Eduardo porque por su sabiduria compartida en esta Blog por fin he entendido que es la Pascue ,desde nina siempre mire la representacion de todos estos dias, asistiamos a misa y a todas y a cada una de estas veneraciones ;pero nunca me habia quedado tan claro ,como ahora .
    Creo que Dios Nuestro Senor amo tanto su creacion que nos mando a su Unico Hijo para que nos ensenara en nuestra propia vida como devemos de portarnos con los demas mientras vivamos en este mundo .Ensenandonos a amar aun a aquellos que nos acusan,humillan,se burlan y etc. Asi como lo hicieron con Jesus,a el que era el mismo Dios.
    Yo lo veo asi como que Jesus vino a ser la practica de la teoria de Dios ,a ver si asi entendiamos sus ma damientos .



    ResponderEliminar
  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar