Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 12 de abril de 2014

Jesús entra en Jerusalén


La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo es su manifestación como el Mesías-Rey prometido. Por eso los niños aclaman: «Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David», (Mc 11,10).

En otros momentos no había aceptado este título para que nadie pensara que venía a reinstaurar el reino de David, con sus leyes y tributos, para que no le confundieran con un mesías político. 

Ahora que las autoridades judías han decretado su muerte y que no hay duda de que su mesianismo es el del siervo de Yahvé, que viene a servir y no a ser servido, que carga sobre sus espaldas con nuestros pecados, no le importa manifestarse como lo que es: el Enviado de Dios; y admite las aclamaciones mesiánicas del pueblo.

Sin embargo, especifica qué tipo de reinado es el suyo: no entra en la ciudad sobre un carro de combate, aclamado por soldados con sus armas, sino en un borrico, entre los cantos de los niños y el movimiento de los ramos de olivo, cumpliendo la profecía de Zacarías, que anunció que el rey de Jerusalén lo terminaría siendo de toda la tierra, pero no por la fuerza, sino por la justicia y humildad: «Salta de alegría, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un borriquillo. Destruirá los carros de guerra... y proclamará la paz a las naciones» (Zac 9,9-10).

Con su entrada pública en la Ciudad Santa, Jesús manifiesta que no le quitan la vida; es Él quien la entrega. Desde hacía tiempo, había manifestado en distintas ocasiones que quería subir a Jerusalén para dar plenitud a su anuncio y a su obra de paz y reconciliación; consciente de que allí se mata a los Profetas y de que su destino no va a ser distinto del de los que le han precedido en el anuncio de la Palabra de Dios. Al mismo tiempo, en su lamentación sobre Jerusalén (Mt 23,37s) une su destino al de la ciudad: ambos serán destruidos (el Rey y la capital del reino).

Ya habíamos explicado estas cosas y la liturgia del día en esta entrada del año pasado.

2 comentarios:

  1. Intima y profunda Semana Santa para todos.

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  2. Gracias a Dios y al P. Eduardo. El día jueves hemos finalizado nuestros ejercicios espirituales en compañía de Santa Teresa y de Jesús, ha sido una experiencia realmente enriquecedora y oportuna para estos días de reflexión y celebración que se aproximan.

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