Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 14 de junio de 2014

Fiesta del profeta Eliseo


Hoy es la fiesta del profeta Eliseo. En la foto se le representa cuando abre el río Jordán golpeándolo con el manto de Elías. He explicado su vida aquí, he recogido las oraciones de la misa del día aquí y he compartido tres poemas en su honor aquí. En esta entrada quiero hablar de la interpretación cristológica de Eliseo que hicieron los Padres de la Iglesia.

Los Santos Padres dicen que el profeta Eliseo es una manifestación de la misericordia y condescendencia de Dios hacia sus criaturas. 

También desarrollaron el tema de Eliseo como figura y anuncio de Cristo. Efectivamente, el profeta, conmovido por el sufrimiento de la sunamita, bajó del Monte Carmelo y se dirigió a la ciudad para resucitar a su hijo difunto, colocándose sobre él, uniendo sus manos a las del niño, al igual que sus ojos y todo su cuerpo, soplando su aliento sobre él, hasta que el niño entró en calor y volvió a la vida. Igualmente Cristo descendió del cielo, de junto a su Padre, compadecido por la muerte de los hombres, y se hizo uno con nosotros, uniéndose a nosotros, dándonos su Espíritu, para que tengamos vida eterna. 

Lo mismo que Eliseo saneó las aguas de Jericó, Cristo santificó las aguas del Bautismo, haciéndose bautizar en el Jordán, precisamente cerca de su paso junto a Jericó. 

Incluso en la difícil escena de los cuarenta y dos niños devorados por los osos a causa de haberse burlado de Eliseo, descubren un anuncio de la pasión del Señor, tal como recuerda san Cesáreo de Arlés: «Igual que los niños gritaban al profeta: “¡Sube, calvo!”, el pueblo gritó durante la pasión: “¡Crucifícalo!”. En efecto, “¡Sube, calvo (en latín: calvus)!” significa “¡Sube al Calvario (en latín: Calvaria)!”. Y al igual que los cuarenta y dos niños fueron devorados, así el pueblo judío fue masacrado cuarenta y dos años después de la muerte de Jesús, durante el asedio de Jerusalén, por los dos osos, Tito y Vespasiano». Curioso, ¿verdad?

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