Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 6 de junio de 2014

El papa Francisco explica quién es el Espíritu Santo



Esta catequesis sobre el Espíritu Santo (del 8 de mayo de 2013) nos ayuda a prepararnos a la fiesta de Pentecostés. En el video hay un pequeño resumen.

¿Quién es el Espíritu Santo? En el Credo profesamos con fe: «Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida». La primera verdad a la que nos adherimos en el Credo es que el Espíritu Santo es Señor. Esto significa que Él es verdaderamente Dios como lo es el Padre y el Hijo, objeto, por nuestra parte, del mismo acto de adoración y glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo. El Espíritu Santo, en efecto, es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don de Cristo Resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como Hijo enviado por el Padre y que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.

Quisiera detenerme en el hecho de que el Espíritu Santo es el manantial inagotable de la vida de Dios en nosotros. El hombre de todos los tiempos y de todos los lugares desea una vida plena y bella, justa y buena, una vida que no esté amenazada por la muerte, sino que madure y crezca hasta su plenitud. El hombre es como un peregrino que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un agua viva fluyente y fresca, capaz de saciar en profundidad su deseo profundo de luz, amor, belleza y paz. Todos sentimos este deseo. Y Jesús nos dona esta agua viva: esa agua es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús derrama en nuestros corazones. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante», nos dice Jesús (Jn 10, 10).

Jesús promete a la Samaritana dar un «agua viva», superabundante y para siempre, a todos aquellos que le reconozcan como el Hijo enviado del Padre para salvarnos. Jesús vino para donarnos esta «agua viva» que es el Espíritu Santo, para que nuestra vida sea guiada por Dios, animada por Dios, nutrida por Dios. 


Cuando decimos que el cristiano es un hombre espiritual entendemos precisamente esto: el cristiano es una persona que piensa y obra según Dios, según el Espíritu Santo. Pero me pregunto: y nosotros, ¿pensamos según Dios? ¿Actuamos según Dios? ¿O nos dejamos guiar por otras muchas cosas que no son precisamente Dios? Cada uno de nosotros debe responder a esto en lo profundo de su corazón.

A este punto podemos preguntarnos: ¿por qué esta agua puede saciarnos plenamente? Nosotros sabemos que el agua es esencial para la vida; sin agua se muere; ella sacia la sed, lava, hace fecunda la tierra. En la Carta a los Romanos encontramos esta expresión: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (5, 5). El «agua viva», el Espíritu Santo, Don del Resucitado que habita en nosotros, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos transforma porque nos hace partícipes de la vida misma de Dios que es Amor. 

Por ello, el Apóstol Pablo afirma que la vida del cristiano está animada por el Espíritu y por sus frutos, que son «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Ga 5, 22-23). El Espíritu Santo nos introduce en la vida divina como «hijos en el Hijo Unigénito». En otro pasaje de la Carta a los Romanos, san Pablo lo sintetiza con estas palabras: «Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues... habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos “Abba, Padre”. Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con Él, seremos también glorificados con Él» (8, 14-17). 

Este es el don precioso que el Espíritu Santo trae a nuestro corazón: la vida misma de Dios, vida de auténticos hijos, una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y en la misericordia de Dios, que tiene como efecto también una mirada nueva hacia los demás, cercanos y lejanos, contemplados como hermanos y hermanas en Jesús a quienes hemos de respetar y amar. 

El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la vivió Cristo, a comprender la vida como la comprendió Cristo. He aquí por qué el agua viva que es el Espíritu sacia la sed de nuestra vida, porque nos dice que somos amados por Dios como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos vivir como hijos de Dios, como Jesús. 

Y nosotros, ¿escuchamos al Espíritu Santo? ¿Qué nos dice el Espíritu Santo? Dice: Dios te ama. Nos dice esto. Dios te ama, Dios te quiere. Nosotros, ¿amamos de verdad a Dios y a los demás, como Jesús? Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, dejemos que Él nos hable al corazón y nos diga esto: Dios es amor, Dios nos espera, Dios es el Padre, nos ama como verdadero papá, nos ama de verdad y esto lo dice sólo el Espíritu Santo al corazón, escuchemos al Espíritu Santo y sigamos adelante por este camino del amor, de la misericordia y del perdón. 

3 comentarios:

  1. Lo espiritual entiendo que es como un suave aroma que sube del corazón, hacia la mente, elevándola hacia arriba, hacia el cielo. El Espíritu Santo viene en nuestra debilidad, en nuestra flaqueza para fortalecernos. Como se dice en Gálatas 2, 20: "ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". Para entender esto, regalo del Espíritu Santo, uno ha de nacer de nuevo, del espíritu, como le dijo Jesús a Nicodemo; descendiendo al fondo de nuestros pecados, de nuestra debilidad, de nuestras miserias y siendo elevado, ascendido, fortalecido por la gracia, por la fuerza del Espíritu Santo; no de una vez para siempre, sino cada día, en cada situación, es una prueba constante. Como se dice en el Magnificat: "el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Llenándonos del amor de Dios (en mi situación, ayudado por libros de espiritualidad, creciendo en la virtud y aceptando las cruces de cada día) todo es posible. El Señor nos espera en cada encuentro con el prójimo, en la Eucaristía, en la oración, en su Palabra. Que el Espíritu Santo sea derramado con fuerza en nuestros corazones esta fiesta de Pentecostés para dar ejemplo de buenos cristianos allá donde nos encontremos y atraer a la Iglesia a los que estén un tanto alejados de ella. José Mª Celdrán.

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  2. Soltarme,dejarme fluir a donde quiera. Viajar,correr sin preocuparme con rumbo a la rivera.Desprenderme,soltarlo todo! y entregar cualquier cosa que me detubiera.Dirigirme,no, que no sea yo la que diriga,que seas siempre Tú Espíritu Santo!quien me susurre al oido suabemente,para mantener la miranda fija y constante y volar y elebarme hasta descansar en Tí eso quisiera.

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  3. Ven Espiritu Santo fuerza de los debiles camina junto ami y asi seras tu quien viva en mi
    y sere feliz Ana Maria

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