Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 14 de mayo de 2017

Yo soy el camino, la verdad y la vida


Estamos en el quinto domingo de Pascua, ciclo "a", y estas son las lecturas de la misa del día:

Primera: Hechos de los apóstoles (6,1-7). El crecimiento de la primera comunidad cristiana hizo necesario inventar ministerios con los que atender a las necesidades que se iban presentando. Así la Iglesia se iba organizando.

Salmo (32): Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Segunda: Primera carta de san Pedro (2,4-9): Los cristianos forman "un pueblo de sacerdotes". No son como el pueblo de Israel y las otras religiones primitivas, donde solamente una casta tenía ese privilegio. Aquí todos participamos del sacerdocio de Cristo. De ahí que el sacerdocio ministerial, que ejercen solamente algunos, no puede suponer ningún privilegio, sino un servicio a la comunidad, que es toda sacerdotal.

Evangelio: San Juan (14,1-12): Fragmento del discurso de despedida, en el que Jesús nos invita a mantener la calma en todas las circunstancias de la vida, porque tenemos la certeza de que él es el camino que nos lleva al Padre y nos precede en el cielo, adonde hay "muchas moradas", también para nosotros.

He explicado detenidamente la primera lectura en esta entrada titulada: "Las crisis en la Iglesia".

En el evangelio, Jesús invita a sus discípulos a estar tranquilos en los momentos más difíciles de su vida, después de la Última cena e inmediatamente antes de ser apresado, juzgado y crucificado.

Por difíciles que sean las circunstancias que nos toquen vivir, hemos de procurar mantener la calma, sabiendo que nunca estamos solos, que Jesús nos acompaña, que él es nuestro camino hacia el cielo, que él nos espera con los brazos abiertos en la casa del Padre, en la que "hay muchas moradas".

Estamos en camino, pero no hemos de detenernos en las cosas que nos gustan ni tener miedo a las dificultades. Avancemos decididos con los ojos fijos en la meta de nuestro caminar: el encuentro definitivo con Cristo. Mientras tanto, digamos con san Juan de la Cruz:

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras...

Les propongo un precioso canto que recoge las palabras de Jesús en el evangelio de hoy. Después del vídeo, copio la letra.


Hace más de dos mil años
que Jesús vino a la tierra
a librarnos del pecado
y a darnos la vida eterna. (2)

Yo soy el camino, la verdad y la vida  (2)
y nadie va al Padre si no es por mí. (2)

Todos somos pecadores
y por eso le cantamos
al Jesús de mis amores,
al que está resucitado. (2)

Yo soy el camino, la verdad y la vida  (2)
y nadie va al Padre si no es por mí. (2)

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