Dicen que la Iglesia está en crisis. Y es verdad. Pero no es la primera vez en su historia ni será la última. La primera lectura de la misa de este domingo (Hch 6,1-7) nos presenta la primera crisis de la Iglesia: la falta de entendimiento entre los cristianos "helenistas" (que hablaban griego y provenían de fuera de la tierra de Israel) y los "hebreos" (que habían nacido en Israel y hablaban arameo).
Eran dos grupos muy distintos entre sí por cuestiones culturales y lingüísticas, pero se sentaron a dialogar y llegaron a un acuerdo. Es verdad que los problemas volvieron a surgir más tarde y de nuevo hubo que volver a tratarlos en el llamado concilio de Jerusalén, pero lo importante es que se dialogaba y se buscaban soluciones entre todos.
De momento, lo que hicieron fue "inventar" un nuevo ministerio en la Iglesia: el de los diáconos. Así la Iglesia fue organizándose y desarrollando aquellos carismas que la ayudaban a crecer. Algunos de los ministerios que surgieron entonces ya no existen, otros sí.
En la actual situación de crisis social y eclesial, los cristianos también deben sentarse a dialogar para encontrar soluciones nuevas. No se pueden dar respuestas viejas a problemas nuevos.
Hay quienes quieren que todo siga igual, que nada cambie, y lo repiten continuamente. Pero la verdad es que ha cambiado el mundo y la Iglesia debe dar respuesta a los interrogantes que se le plantean.
Los primeros cristianos no tuvieron miedo de inventar nuevos ministerios, de abandonar unas estructuras heredadas y de crear otras, de buscar respuestas novedosas a los problemas que iban surgiendo.
Esa es la verdadera fidelidad a Cristo: adaptar su mensaje en cada situación concreta de la vida, porque él sigue vivo y quiere seguir siendo fuerza de salvación para los creyentes. Pero cuenta con nosotros. Y quiere que usemos nuestras capacidades para hacer llegar su gracia a los hombres de hoy.
San Juan de la Cruz recuerda que Dios no inspiró a Moisés que nombrara 70 ancianos como colaboradores suyos. Él lo hizo porque se lo sugirió su suegro y a él le pareció bien. Así debemos hacer nosotros: usar nuestra inteligencia e imaginación para encontrar la manera de responder a las situaciones concretas que nos presenta la vida, sin esperar a que la solución nos venga del cielo. Dios nos ha dado la inteligencia, y quiere que la usemos.
El Señor ilumine al papa y a los responsables de guiar su Iglesia para que busquen nuevas respuestas para los problemas contemporáneos y nuevos ministerios con los que dar respuesta a las necesidades actuales de la Iglesia. Amén.

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