Su lenguaje está lleno de elementos de la naturaleza (el camino, el viento, el sol, la lluvia), que evocan la existencia humana como un viaje acompañado por la providencia de Dios. Manifiesta el deseo de armonía entre el ser humano, la creación y el Creador.
La oración pide bienes muy concretos: amigos fieles, un hogar seguro, palabras cálidas en las noches frías, alegría compartida junto al fuego. En ellos se reconoce que la felicidad no está en grandes logros extraordinarios, sino en los dones cotidianos que sostienen la vida. Al mismo tiempo, enseña una sabiduría espiritual: aprender a olvidar las heridas y a recordar las bendiciones, soltar los problemas pasados y guardar en la memoria lo que nos ha hecho bien.
El corazón de la bendición aparece en su imagen más tierna: que Dios nos guarde “en el hueco de su mano”. No somos viajeros solitarios; nuestra historia está sostenida por el cuidado de Dios. Así, el camino de la vida, con sus alegrías y pruebas, se convierte en un recorrido confiado hacia su abrazo.
En el vídeo podemos escuchar la primera estrofa con una música muy bella. La oración entera dice así:
Que el camino crezca contigo y que el viento juegue en tu espalda, que el sol ilumine tu cara, que la lluvia caiga suave en tus campos. Y hasta volverte a ver, que Dios te acoja en el hueco de sus manos.
Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, porque él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.
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