Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 30 de marzo de 2014

Domingo de Laetare


Este domingo es llamado de Laetare (que en latín significa "alégrense"), por la antífona de entrada de la misa: «Festejen a Jerusalén, gocen con ella…»

Como sucede el domingo de Gaudete (tercero de Adviento, que explicamos aquí), los templos se adornan con flores, se entonan cantos festivos acompañados de instrumentos, y los ornamentos sacerdotales son de color rosado. 

En Roma, hoy era costumbre ungir una rosa de oro con crisma y perfumes. El domingo de Gaudete posterior el papa la regalaba a quien se había distinguido en la defensa de la Iglesia.

Antiguamente, este día iba unido al segundo escrutinio de los catecúmenos que se preparaban a recibir el bautismo en la noche de Pascua. Se practicaba sobre ellos una unción en los ojos, los oídos y la boca, para que se abrieran los sentidos del hombre interior. 

El ritual actual lo ha recuperado. Después de la homilía, se ora por los candidatos con dos plegarias que hacen referencia al evangelio del día. La primera dice: «Padre, que concediste al ciego de nacimiento que creyera en tu Hijo; y que por esta fe alcanzara la luz de tu reino: haz que tus elegidos, aquí presentes, se vean libres de los engaños que les ciegan y concédeles que, firmemente arraigados en la verdad, se transformen en hijos de la luz». 

Después de la imposición de manos, continúa el sacerdote: «Señor Jesús, […] a los que has elegido para recibir tus sacramentos llénalos de buena voluntad, a fin de que disfrutando con el gozo de tu luz, como el ciego que recobró de tu mano la claridad, lleguen a ser testigos firmes y valientes de la fe». 

No hay comentarios:

Publicar un comentario