Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 31 de agosto de 2014

Quien quiera ser mi discípulo que cargue con su cruz


El domingo pasado escuchamos la alabanza de Jesús a Pedro, que lo reconoció como Mesías: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo». 

A continuación, Jesús explicó qué tipo de Mesías era él. No uno que viene para reinar en nombre de Dios (como David) y mucho menos uno que se dedica a imponer con las armas el reino de Dios a los demás (como los Macabeos en el Antiguo Testamento o los cruzados mucho más tarde). Él viene para servir y dar la vida por los pecadores.

A sus discípulos nos invita a recorrer el mismo camino: el de la propuesta pacífica del reino de Dios, el del respeto hacia el que piensa distinto, el de la paciencia con los demás y con nosotros mismos, el del servicio hasta el final (no solo a los amigos y parientes, también a los enemigos).

Quien quiera leer una profunda reflexión de Javier Pikaza sobre el argumento puede hacerlo aquí.

1 comentario:

  1. Padre Eduardo, ¿qué tal está?. Por favor,díganos algo. El blog, últimamente,
    tiene un no sé qué.
    Que el Señor lo bendiga y nos lo guarde muchos años

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