Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 27 de junio de 2015

saludos desde Fátima


Hace pocas semanas estuve en Fátima, en compañía de 90 peregrinos maravillosos con los que recorrimos algunos lugares relacionados con santa Teresa de Jesús y algunos santuarios marianos. Hoy estoy de regreso a este precioso lugar para dar unas charlas sobre santa Teresa a un nutrido público portugués. Pueden consultar la página del santuario aquí y la de la Domus Carmeli (la casa carmelita donde me alojo) aquí.


Como todos mis lectores saben, Dios se ha revelado «muchas veces y de muchas maneras a nuestros antepasados» (Heb 1,1), adaptándose a la comprensión de los hombres y de los pueblos. 

Todas las revelaciones antiguas eran parciales e iban destinada a la plena revelación de sí mismo, que Dios realizó en Jesucristo, como recuerda san Juan de la Cruz: «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra...; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no solo haría una necedad, sino que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad» (S 2,22).

Esto no significa que Dios ya no se pueda seguir revelándose o manifestándose. Dios sigue haciéndose presente de mil maneras en la historia, también por medio de mensajeros (ángeles, apariciones de la Virgen María, santos...).

Pero Dios ya se ha revelado a sí mismo en Cristo. Ya sabemos su misterio: Dios es amor, comunión de personas y tiene un proyecto de amor sobre sus criaturas. Esto es lo verdaderamente esencial de nuestra fe.

En este sentido, la revelación «pública», destinada a todos, ya está concluida y recogida en los libros de la Biblia. Otra cosa es que siempre podemos entenderla mejor y en ese proceso de profundización en los contenidos de la revelación nunca terminaremos, siempre tenemos que avanzar.

Todas las revelaciones posteriores son «privadas», dirigidas a personas o grupos concretos para ayudarles a vivir su fe en un momento determinado.

Dios y sus mensajeros se adaptan a las capacidades concretas, a la psicología y a la cultura de las personas a las que se dirigen, por lo que estas revelaciones «privadas» pueden ser muy distintas entre sí. Lo que está claro es que siempre van dirigidas a que los hombres vivan el evangelio con más autenticidad. En este sentido, no añaden ni quitan nada a la revelación «pública», que está recogida en la Biblia. Por eso la Iglesia deja siempre libertad para aceptarlas. Ni en los casos de Lourdes o Fátima obliga a los creyentes a creerlas.

Al reconocerlas, la Iglesia solo dice que no van contra la fe, que las personas que las han recibido son honestas y dicen lo que han vivido, que esos mensajes pueden ayudar a los creyentes a vivir su fe. Nada más (y nada menos).

En otros casos, la Iglesia afirma que no consta el carácter sobrenatural de las revelaciones. En algunos casos incluso afirma que se trata de un engaño del o de los «videntes» (a veces con buena voluntad, a veces con mala).

En el caso de Fátima, los tres partorcitos tuvieron una terrible visión del infierno y la Virgen les invitó a orar por los pecadores, para salvarlos.

En la primera aparición, la Virgen les preguntó: «¿Queréis ofreceros a Dios?, ¿queréis cumplir su voluntad?, ¿queréis colaborar con él para salvar almas?»

Es hermoso pensar que Dios nos pide si queremos colaborar con él, si queremos cumplir su voluntad, si nos fiamos de él. Es más o menos lo que el ángel Gabriel preguntó a la Virgen María. Ella dijo que sí. Los pastorcicos de Fátima, también. ¿Y yo? Muchas veces digo que quiero que se cumpla la voluntad de Dios en mi vida, que solo quiero lo que él quiera... aunque muchas veces se me olvida y le doy la espalda.

Pero no solo se apareció la Virgen María en Fátima. También lo hizo un ángel, que enseñó estas oraciones a los tres pastorcitos:

«Dios mío, yo creo en ti, te adoro, espero en ti y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman».


«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores».


Les pongo algunas fotos de este lugar. Feliz día a todos.















3 comentarios:

  1. Gracias Padre Eduardo por todas sus enseñanzas, estuve con usted hace unos dias en Fátima y realmente fue hermoso y una experiencia inolvidable! Momentos unicos de vivencia espiritual y de base para continuar el peregrinaje en nuestras comunidades. Alina desde Panamá

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  2. Se aparecio a los mas humildes Que pequeños eran para entender cosas tan grandes Solo los sencillos se abren al misterio de Dios y solo ellos lo pueden ver y comprender Ana Maria

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  3. ¡¡¡ PADRE ! ¡ OH PADRE VIAJERO ... ! CAMINANDO CON JESÚS ..

    CON NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN Y CON SANTA TERESA

    DE JESÚS ..CON DELEITE SANTO ...

    .NOS LLEVA TAMBIÉN A TODOS NOSOTROS POR LOS CAMINOS

    DE CIELOS A ESCUDRIÑAR GOZOSOS LOS SUEÑOS VIVIENTES ...

    REALIDADES DIVINAS DE DIOS EN TODOS Y EN TODO DANDO A LUZ

    NUTRIÉNDONOS SIEMPRE CON MANJARES MÁGICOS ... SACRALES ...!!!

    ¡¡¡ GRACIAS ETERNAS INFINITAS ....! ¡ DIOS NO SE PIERDE

    NADA ...!!!!!!!!!!!!!!!

    ¡¡¡ AMÉN ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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