Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 4 de abril de 2013

Poesía de Pascua (1)


No hay palabras humanas que puedan expresar correctamente lo que la Iglesia celebra en la Pascua. No basta con decir que es el recuerdo de la muerte y resurrección de Cristo. Los cristianos queremos comprender el significado profundo de esos hechos. Por eso repetimos con san Pablo: Cristo murió “por nuestros pecados” y fue resucitado “para nuestra justificación” (Rom 4,25). Desde el principio, la Iglesia lo ha contado cantándolo. De hecho, las cartas de san Pablo y el Apocalipsis recogen varios himnos de los orígenes del cristianismo que celebran el misterio pascual. 

Uno de los más antiguos himnos litúrgicos de la Iglesia romana es el pregón pascual, que ya está testimoniado desde el s. IV, al final de las persecuciones del Imperio Romano contra los cristianos: “Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación…”

Algo más tardío, pero también de venerable antigüedad es la secuencia del día de Pascua, que encuentra una traducción muy acertada en la versión española del misal y del breviario. Nos unimos a la confesión de fe de santa María Magdalena, que dice “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!” y nos invita a realizar un viaje espiritual a Galilea para encontrarnos con Cristo resucitado:

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza 
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

3 comentarios:

  1. ¡¡Ay,Padre!! ¡¡Que buenos recuerdos!! Muchos años lo hemos cantado ustéd y yo en Pascua, en Caravaca, en el Desierto, y hasta en Tierra Santa. Gracias Padre.

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  2. Padre Eduardo esta canción es mi favorita en esta época. No sabia que era una confesión de amor de la Magdalena, ahora me gusta aun mas.Mi párroco,quien a dicho alguna vez ser el burrito que lleva a Jesús,(y como no quererlo)la canta siempre durante las misas de estos 50 días antes de leer el evangelio. Gracias por compartirla con todos lo que le seguimos.

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  3. Gracias, p. Eduardo... Haces u gran servicio con los contenidos de tu blog... No sé cómo te alca za el tiempo para tanto... Un abrazo

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