Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 17 de marzo de 2013

La mirada que salva


Estamos casi terminando la Cuaresma.
El domingo pasado, en la misa se proclamó el evangelio del hijo pródigo, al que su padre ofrece el perdón (Lc 15,11-32), y hoy escuchamos el evangelio en el que Jesús perdona a una mujer adúltera y la salva de la muerte (Jn 8, 1-11). Así comprendemos mejor los contenidos fundamentales de la Cuaresma.

Tanto en el caso del hijo pródigo como en el de la mujer adúltera nos encontramos ante personas objetivamente pecadoras y merecedoras de un castigo. En ambos casos también encontramos quienes están dispuestos a condenarlas y a ejecutar la condena (en el primer caso es el hermano mayor, en el segundo son los escribas y fariseos). Y las dos veces encontramos también que Jesús no justifica los pecados cometidos, pero nos enseña a no juzgar a los demás, porque todos somos pecadores.

Jesús ama a los pecadores, porque sabe ver más allá de la fealdad que el pecado causa en el hombre. Él mira en lo más profundo del alma y ve en cada uno la belleza de Dios, a cuya imagen fuimos creados. Por eso vino “a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10), “a dar su vida en rescate por los pecadores” (Mt 20,28). Jesús nos ama hasta el punto de cargar los pecados de cada uno sobre sus espaldas: “Cargado con nuestros pecados, subió al leño” (1Pe 2,24).

Cada uno de nosotros es el hijo pródigo que se marchó de su casa (que es la Iglesia), cada uno de nosotros es la mujer adúltera que ha traicionado la confianza de su Esposo (que es Cristo), cada uno de nosotros es la oveja perdida que abandonó el redil y es el hombre que yace herido junto al camino, sin que ninguno de los que pasan se ocupe de nosotros. 

A cada uno de nosotros se acerca Cristo y nos mira con misericordia. A cada uno repite hoy: “Yo no te condeno. Vete y no peques más”. Acojamos sus palabras con agradecimiento y con el firme propósito de no volver a alejarnos de su compañía.

6 comentarios:

  1. P.Eduardo, no son poesías ni mucho menos, ya me gustaría a mí.
    Son pensamientos, ideas que tengo en la cabeza, y que como dije, no me importa compartir.

    ¡Ay! si pudiera prender el fuego que llevo dentro,
    encontrar el camino de la estela luminosa,
    conseguir que no se apague y gritarle ¿Donde has ido?.
    Mi estela amada, enséñame tu camino, condúceme hasta mi destino.
    Saca tus dulces rescoldos y da calor para el viaje, que al abrigo de tus manos no hay destemplanza ni hastío.

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  2. Dice el poeta Bécquer que hay miradas que son besos.
    Así es la mirada de Cristo sobre mí,sobre todos
    nosotros,sobre los que más lo necesitan.
    Que seamos capaces de recibir y guardar en el corazón
    esa mirada misericordiosa.Y que generosamente la proyectemos sobre los hermanos.Que Dios nos libre de
    ser lapidadores. Betania.


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  3. Jarmarie Rodríguez18 de marzo de 2013, 1:25

    Hoy domingo 17 de marzo de 2013, tuve la gran oportunidad de poder presenciar y escuchar al Padre Eduardo ofrenciendo la misa de las 10:30am en la Iglesia de la Parroquia San José de Villa Blanca en Caguas, Puerto Rico. Esta experiencia fue única, de gran valor y enseñanza. El Padre es muy profundo y sabe q palabras utilizar para llegar a cada uno de los feligreses. Por este medio felicito y doy las gracias a Padre Eduardo por hacernos sentir tan inmensamente el mensaje de Nuestro Dios Padre. Luego de la misa, me quedé sentada junto a mis 2 hijas, una de 11 años y la otra de 15, para poder escuchar un poco mas, ya que el Padre Eduardo nos invitó a participar de algunos 30 minutos mas, donde el iba a instruirnos de la vida de Sta. Teresa y de San José, ya que hoy estabamos celebrando su dia en la Iglesia. Estoy segura que todos los que estuvimos alli, salimos llenos a plenitud de la gracia de nuestro Padre Dios. GRACIAS PADRE EDUARDO, DIOS LO BENDIGA Y LO TENGAMOS POR MUCHOS AÑOS MAS, EDUCÁNDONOS EN LA FÉ Y EL AMOR DE DIOS.

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  4. Quiero imitar a Jesús siempre, Jesús, Jesús, Jesús. Su nombre me sabe dulce como la miel, su nombre se queda en mi paladar y no me canso de saborear su vida, su palabra, su porte. Jesús mi gran amor enseñame a no juzgar, a perdonar, a levantar del polvo al caído. Amén.

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  5. Jesus se acerca a mi vida y me da el perdón. Esta es la buena noticia que necesita mi alma. Todo lo demás me sobra...

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  6. Soy Magda Rodriguez y el pasado sabado 16 de marzo de 2013 tuve la gran bendicion de participar en la Celebración Eucarística con el Padre Eduardo y después, estar en su Charla en la Parroquia San José de Villa Blanca en Caguas, Puerto Rico. Acepté la invitación y me quedé a estucharlo luego de Misa. Que maravillosa Homilía y la Charla ni hablar. Un don de palabra y una manera de llegar a la gente que me encantó. Hubiese querido que continuara hablando. Gracias Padre Eduardo por su regalo en la festividad de San José y por habernos regalado su sabiduría y por hacernos sentir a travez de sus palabras lo maravilloso que es Jesús. Dios le siga bendiciendo con mucha salud y nos de la orpotunidad de volverle a tener con nosotros algún día.En adelante, continuaré leyendo sus mensaje.

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