Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 1 de agosto de 2012

El tesoro escondido. Un viaje al Amazonas


El evangelio de la misa de hoy nos recuerda que «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo» (Mt 13,44). Permítanme explicar la parábola usando otra imagen.

Un hombre viajó al Amazonas y regresó a su tierra sorprendido por la belleza de sus paisajes, la variedad de su flora y de su fauna, la acogida de sus gentes y el sabor de las frutas tropicales. 

De tal manera alabó lo que había visto, que sus amigos se decidieron a organizar una expedición, para poder contemplar tantas maravillas. 

Para ellos dibujó un mapa y escribió un tratado, en el que les explicaba lo que iban a encontrarse y los lugares que no debían perderse. 

Los amigos leyeron con atención el texto y estudiaron el mapa. Aprendieron tan bien todas las explicaciones que se sintieron especialistas en el Amazonas, aunque nunca llegaron a visitarlo. 

De esta manera, el mapa y el libro terminaron por sustituir la experiencia del viaje.

El Amazonas es imagen del reino de Dios. 

Jesús es el amigo que nos ha contado su hermosura y ha dibujado para nosotros el mapa. Él nos ha dicho que el reino de Dios es como un tesoro estupendo, escondido en el campo, y que merece la pena vender todo lo que se tiene para adquirirlo. Ha cantado detenidamente sus maravillas y nos ha explicado el camino. 

Sus enseñanzas se encuentran recogidas en los evangelios. Podemos estudiarlos y llegar a considerarnos especialistas, pero si no ponemos en práctica sus enseñanzas, si no entramos en el reino, si no compramos el tesoro y viajamos al Amazonas, nos sirven de poco. 

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