Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

viernes, 14 de julio de 2017

Novena a la Virgen del Carmen, día octavo


Novena a la Virgen del Carmen. Día octavo: María a los pies de la cruz. La imagen de la foto se encuentra en la ciudad de Mula (Murcia).

Salutación para todos los días: 

Virgen María, Madre y hermosura del Carmelo, Estrella del mar, en esta novena acudimos a ti implorando tu amparo. Madre de Dios y Madre nuestra, dirige tu mirada a todos los que invocamos tu auxilio, escucha nuestras plegarias y enséñanos a servir a Jesús con corazón sincero, como hiciste tú. Madre de misericordia y refugio de los pecadores, intercede por nosotros ante tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura bíblica: 

Del evangelio según san Juan (19,18-30). «Lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Reflexión: 

Todo el evangelio se encamina hacia la «hora» de Jesús, en la que coinciden su muerte y su glorificación, cumpliendo el proyecto salvador del Padre. Cuando llega la «hora» de Jesús, su madre está junto a él (Jn19,25-27), como lo estuvo al inicio de su actividad pública, cuando realizó su primer signo (Jn 2,1-12). Entonces, Jesús le dijo que aún no había llegado su «hora». 

En ambos casos, Jesús se dirige a María con el título de «mujer», que apunta a María como nueva Eva, en referencia al «protoevangelio»: «Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendiente y el suyo. Él te pisará la cabeza cuando tú le muerdas el talón» (Gén 3,15). La «hora» de Jesús será el cumplimiento de esta profecía.

Desde la cruz, Jesús asocia a su madre a su «hora», que es también la hora de María, figura y realización de la Iglesia, que permanece de pie junto a la cruz y que recibe del Señor el encargo de acoger a los discípulos como hijos.

Pidamos a María que nos ayude a permanecer siempre unidos a Jesús, también en la hora del sufrimiento y de la muerte. Que ella nos ayude a llevar nuestra cruz de cada día.

Invocaciones:

ROSA DEL CARMELO, perfúmanos en el alma y en el cuerpo, para que seamos buen olor de Cristo en medio de nuestros hermanos. Dios te salve, María…

ESTRELLA DEL MAR, conduce nuestra barquilla en el mar de la vida hasta que lleguemos a las playas luminosas de la Patria. Dios te salve, María…

REINA DEL CIELO, que un día gocemos de tu compañía en la eternidad y proclamemos contigo la grandeza del Señor, porque el Poderoso hizo en ti maravillas. Dios te salve, María…

(Pídase la gracia que se desea alcanzar)

Letanías:

Santa María, madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros.
Mujer fuerte a los pies de la cruz, ruega por nosotros.
Mujer valiente en el Calvario, ruega por nosotros.
Amparo de los débiles, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los mártires, ruega por nosotros.
Esperanza nuestra, ruega por nosotros.
Madre y hermosura del Carmelo, ruega por nosotros.

Oración final: 

Padre santo, te suplicamos que nos asista con su intercesión la santísima Virgen María, madre y reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección, que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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