Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 20 de julio de 2014

Parábola del trigo y la cizaña


La parábola de hoy (Mt 13,24-43) nos habla de que el bien y el mal coexisten en la sociedad, en la Iglesia y en el corazón de cada uno de nosotros.

La tentación de los discípulos es creerse "trigo limpio", querer separar ya mismo el trigo de la cizaña, eliminar a "los malos" (que siempre son los otros). Basta poner en google "parábola del trigo y la cizaña" y ver las numerosas interpretaciones que insisten en lo mismo.

Pero Jesús nos dice: "Dejad que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el día de la siega" porque no nos corresponde a nosotros juzgar a los demás (bastante tenemos si sabemos ver la viga en nuestro propio ojo, mejor que dedicarnos a ver la mota de polvo en el ojo ajeno).

Hace pocos días leí en la prensa una carta abierta al papa, escrita por un miembro de un instituto religioso moderno intervenido por la Santa Sede. En ella habla de lo mucho que rezan, de sus ayunos, de que ellos oran de rodillas en lugar de ver la televisión, de que se levantan por la noche para alabar a Dios en lugar de dormir, de que se privan del postre para ofrecer a Dios sacrificios por la conversión de los pecadores...

No debemos olvidar las advertencias de santa Teresa de Jesús sobre ciertos excesos que solo producen desequilibrios en los que los practican, por lo que ella prefiere la práctica de las virtudes a las penitencias. De todas formas, como cada uno es libre de servir al Señor como le pide su conciencia, no tengo nada que decir sobre esa lista de actos virtuosos que enumera el escritor de la carta.

El problema viene cuando en cierto momento afirma sin ningún rubor: "¿usted no pretenderá que vivamos como en los otros conventos, que han traicionado su consagración?"

Con esa afirmación ya ha echado a perder todo lo bueno que hacen (si de verdad es bueno lo que hacen). Esa era la actitud de los fariseos que tantas veces critica Jesús y ese es el peligro de cada uno de nosotros: creer que somos "los buenos" y despreciar a los que no hacen lo que nosotros.

Hermanos, intentemos ser trigo, hacer el bien, dar frutos de vida eterna. Pero no perdamos tiempo en mirar lo que hacen o no hacen los demás. Dejemos el juicio a Dios, que es a quien corresponde.

9 comentarios:

  1. Señor que vea siempre con toda claridad mi pequeñez,que solo soy un siervo inútil muy amado por Ti.

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  2. Así deberíamos todos de vivir de una manera individual enfocandonos en lo que hacemos y no en lo que los demás hagan , tratar de siempre hacer el bien sin ensalzarnos de tal cosa que sólo dios es el que sabe Sí obramos de buen corazón o sólo por protocolo . A mi me gusta mucho su manera de explicar padre Eduardo con tanta humildad y ante todo su ética Es usted un gran guía espiritual . Dios me lo bendiga

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  3. Señor ayúdame a ser humilde y a ver siempre en mi hermano lo bueno. Que Dios le bendiga. Isabel

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  4. Dentro de mi, sé con certeza que no soy mejor que los otros, pero ¡¡Cuantas veces al dia se me olvida!
    Señor, dame un corazon humilde. Fina.

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  5. Su comentario a este evangelio es muy acertado. Pienso que debemos pedirle al
    Señor nos enseñe a vivir entre la maleza, siempre haciendo el bien pero sin escandalizarnos , con mucha humildad y con valor. Aida Estela.

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  6. La claridad c on la que nos explica es un regalo para nosotros sus lectores! Gracias por hacer nis reflexionar diariamente!

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  7. Padre Eduardo solo puedo decir, AMEN.
    Si dejaramos de decir siempre como deberian de hacer las cosas los demas, y nos dedicaramos ha hacer nosotros lo que debemos, y dice Jesus en el Evangelio.... seriamos mas creibles a los ojos de los demas y sobre todo de aquellos que dicen que no creen

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