Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 26 de noviembre de 2023

Te amo, Rey, y levanto mi voz para adorar y gozarme en ti. Canto a Cristo Rey


El año litúrgico termina con la fiesta de Jesucristo, rey del universo, que manifiesta su poder en la debilidad y reina sirviendo a los hombres, hasta dar la vida por ellos. 

Este es nuestro rey: el Señor que se convierte en esclavo de sus siervos, el pastor que da la vida por sus ovejas, el médico que busca a los enfermos para sanarlos, el pan de vida que nos alimenta, la vida que nos resucita, liberándonos de la muerte.

El prefacio de la misa de la fiesta de Cristo Rey reza así:

Te damos gracias, Padre santo,
porque consagraste sacerdote eterno y rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, 
ungiéndolo con óleo de alegría,
para que, ofreciéndose a sí mismo 
como víctima perfecta y pacificadora 
en el altar de la cruz, 
consumara el misterio de la redención humana; 
y sometiendo a su poder la creación entera
entregara a tu majestad infinita 
un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y la vida, 
el reino de la santidad y la gracia, 
el reino de la justicia, el amor y la paz.

Ante tanto amor, solo puedo cantar: 

Te amo, Rey, y levanto mi voz 
para adorar y gozarme en ti.
¡Regocíjate! Escucha, mi rey:
que sea un dulce sonar para ti.

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