Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Ábside de la basílica de san Juan de Letrán


El 9 de noviembre se celebra el aniversario de la consagración de la catedral de Roma (año 324), oficialmente dedicada al santísimo Salvador del mundo y popularmente conocida como san Juan de Letrán.

Es considerada "madre y cabeza de todas las iglesias" por ser el primer templo cristiano de la historia, construido en el siglo IV, al terminar las persecuciones, sobre un terreno donado por el emperador Constantino al papa de Roma.

El edificio ha sido ampliado y embellecido muchas veces a lo largo de los siglos, hasta alcanzar la forma actual.

He hablado de la historia del templo y recogido algunas fotografías en la entrada titulada "Basílica de san Juan de Letrán" (que pueden consultar aquí).

He hablado de la historia del baptisterio octogonal y recogido fotografías del mismo en la entrada titulada "El baptisterio de san Juan de Letrán" (que pueden consultar aquí).

He recogido la foto de las doce enormes esculturas que representan a los apóstoles en la nave central en la entrada titulada "Los doce apóstoles" (que pueden consultar aquí).

He comentado el evangelio de la misa del día en la entrada titulada "La purificación del templo de Jerusalén" (que pueden consultar aquí).


Hoy quiero hablarles de los impresionantes mosaicos que cubren el ábside. Fueron realizados en el siglo V, transformados en el siglo XIII (con el añadido de las figuras de san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, el papa franciscano Nicolás IV y los ángeles que rodean el rostro de Cristo) y desmontados y vueltos a colocar en el siglo XIX.

En la foto de arriba tienen una visión general, con la cruz gemada en el centro, de la que brotan los cuatro ríos del paraíso, a los que se acercan ciervos y ovejas para beber. 

A nuestra izquierda se encuentran la Virgen María, san Pedro y san Pablo y, en tamaño menor, san Francisco de Asís y el papa Nicolás IV de rodillas.

A nuestra derecha están representados san Juan Bautista, san Juan evangelista y san Andrés y, en tamaño menor, san Antonio de Padua.

Encima de la cruz se representa el rostro de Cristo rodeado de ángeles.

Debajo de la cruz se representa la Jerusalén celestial, rodeada de murallas de oro, con el arcángel san Miguel a la puerta y las cabezas de san Pedro y san Pablo en el interior.

La parte inferior de los mosaicos representa el río Jordán, con diversos personajes y peces entre las aguas, así como plantas en las orillas, animales y seres humanos en su actividad cotidiana. Así se indica que el agua que brota de la cruz de Cristo renueva toda la creación.


En el centro se representa la cruz recubierta de joyas, de la que brotan los cuatro ríos del paraíso.


En la cruz se representa a Juan bautista bautizando al Señor en el río Jordán.


A los pies de la cruz encontramos la nueva Jerusalén, con sus muros de oro y piedras preciosas, con san Miguel arcángel a la puerta. En su interior crece el árbol de la vida y un pavo real, símbolo de la inmortalidad. A los lados se asoman san Pedro y san Pablo, columnas de la Iglesia.


Abajo de todo, las aguas del Jordán (como símbolo del bautismo) riegan y fecundan toda la tierra.


En la cima del mosaico se representa el rostro de Cristo rodeado de ángeles.


A la derecha de la cruz (a nuestra izquierda) vemos a la Virgen María que intercede por la Iglesia. A su lado están san Francisco y el papa que mandó rehacer los mosaicos en el siglo XIII.


A la izquierda de la cruz (a nuestra derecha) encontramos a san Juan bautista y a san Antonio más pequeño.

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