Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 7 de junio de 2012

Santa Teresita y el Corpus Christi

En sus manuscritos autobiográficos, santa Teresita de Lisieux recuerda emocionada las celebraciones del Corpus en su infancia: «¡Las fiestas...! ¡Cuántos recuerdos me trae esta palabra...! ¡Cómo me gustaban las fiestas...! Tú, Madre querida, sabías explicarme tan bien todos los misterios que en cada una de ellas se encerraban, que eran para mí auténticos días de cielo. Me gustaban, sobre todo, las procesiones del Santísimo. ¡Qué alegría arrojar flores al paso del Señor...! Pero en vez de dejarlas caer, yo las lanzaba lo más alto que podía, y cuando veía que mis hojas deshojadas tocaban la sagrada custodia, mi felicidad llegaba al colmo...»

Más tarde, deshojará su vida a los pies de Jesús, como una ofrenda de amor. Lo cantó en una poesía que se titula Arrojar flores, que dice así:

       Jesús, Amado mío, al pie de la cruz
       quiero arrojar mis flores cada tarde,
       deshojar mi rosa para ti
       y enjugar con sus pétalos tu llanto.

       ¡Sólo deseo arrojarte mis flores,
       ofrecerte sacrificios pequeños,
       mis suspiros más leves, mis dolores más hondos,
       mi dicha y mis penas!

       De tu belleza se ha prendado mi alma.
       Quiero prodigarte mis flores y perfumes,
       por tu amor arrojarlos al viento
       e inflamar corazones para ti, mi Señor.
       Y cuando sufro por salvar pecadores,
       mis flores son el arma que me da la victoria.

       Mis pétalos te dicen que mi corazón es tuyo.
       Tú entiendes el lenguaje de mi rosa deshojada.
       Me miras y sonríes.
       Pronto iré al cielo
       y te arrojaré flores con los ángeles pequeños.

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