Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cristo Rey


Hoy se celebra la fiesta de Cristo Rey, con la que se da por concluido el año litúrgico y también clausura el año de la fe. El año pasado hablamos aquí de esta fiesta paradógica, en la que contemplamos la realeza de Cristo en su humillación, su poder en el servicio, su gloria en la debilidad.

El ángel anunció a María que su hijo reinaría para siempre (cf. Lc 1,32-33). Sin embargo, su nacimiento en una cueva y su vida pobre ya hacían presentir que su reinado no tenía sentido político. 

De hecho, Jesús no permitió que lo nombraran rey después de la multiplicación de los panes (cf. Jn 6,15) y rechazó el estilo de gobernar de «los jefes de las naciones» (cf. Mt 20,25). Solo aceptó este título el Domingo de Ramos (cf. Lc 19,38-40) y en el juicio ante Pilatos (cf. Jn 18,37). 

Efectivamente, su realeza se manifestó en su pasión y cruz, teniendo una caña por cetro, una corona de espinas, unos trapos por manto y una cruz por trono. También lo confiesa rey el cartel de la acusación, redactado en las tres lenguas principales (cf. Jn 19,19s): hebreo (el idioma religioso), latín (el idioma de la economía y del ejército) y griego (el idioma de la cultura).

Este es mi rey, que se convierte en mi siervo, lava mis pies, perdona mis pecados y se ofrece a la muerte para que yo tenga vida. Ante tanto amor, solo puedo cantar: "Te amo, Rey, y levanto mi voz para adorar y gozarme en ti..."


1 comentario:

  1. ¡Cómo me gusta volver a recordar siempre que mi Rey y Señor se hace voluntariamente mi siervo! Solo puedo repetir con san Juan de la Cruz: ¡Oh admirable amor de Dios, mal conocido, quien te descubre, encuentra el descanso! Gracias. Paolo

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