Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 25 de octubre de 2015

la curación del ciego Bartimeo


El evangelio de hoy cuenta la curación de Bartimeo, que era ciego de nacimiento, a las puertas de Jericó, y cómo después siguió a Jesús cantando y saltando de alegría en su camino hacia Jerusalén. He hablado de este evangelio en el que Jesús dice al ciego Bartimeo: «Anda, tu fe te ha curado» en la entrada titulada «La fe que salva».

Bartimeo era invidente pero veía con el corazón más que los que acompañaban a Jesús. Oyó hablar de Jesús, comprendió que era su oportunidad y le pidió a gritos que tuviera compasión de él. 

La gente le decía que se callara, pero siguió insistiendo hasta que Jesús le oyó. Él ya tenía fe y esperanza en Jesús, que le dice: «Tu fe te ha salvado».

Los que peregrinamos con Jesús hacia la Jerusalén celeste hemos de aprender a escuchar los gritos de los que yacen junto al camino, aunque nos molesten. No hemos de silenciarlos, sino acogerlos y hacer lo que esté en nuestras manos para aliviarlos. A veces solo se trata de presentarlos a Jesús, orar por ellos. Otras podemos ayudarles nosotros.

Aunque, si lo pensamos bien, más que con los que caminan con Jesús, cada uno de nosotros puede identificarse con Bartimeo, que no puede ver pero desea la luz. Pidamos a Jesús con insistencia: «Señor, abre nuestros ojos a tu luz, acrecienta nuestra fe, ten misericordia de nosotros y de todos los hombres». Amén.

1 comentario:

  1. Señor que no se me apage la luz de la fe Danos mucha luz para poder iluminar alos que tu sabes Ana Maria

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