Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 28 de abril de 2018

Jesús es la vid y nosotros los sarmientos


En el evangelio del quinto domingo de Pascua, ciclo "b" (Juan 15,1-8), se lee: "El que permanece en mí y yo en él, da fruto abundante". La Iglesia está unida a Cristo y cada cristiano es un miembro de su Cuerpo místico o un sarmiento injertado en la vid. Así lo explica san Cirilo de Alejandría:

«El Señor, para convencernos que es necesario que nos adhiramos a él por el amor, ponderó los grandes bienes que se derivan de nuestra unión con él, comparándose a sí mismo con la vid y afirmando que los que están unidos a él e injertados en su persona, vienen a ser como sus sarmientos y, que, al participar del Espíritu de Cristo, este nos une con él. La adhesión de quienes se vinculan a la vid consiste en una adhesión de voluntad y de deseo; en cambio, la unión de la vid con nosotros es una unión de amor y de inhabitación» (Comentario al evangelio de san Juan 10,2).

Ciertamente, Jesús es la vid, y la luz del mundo, y el camino que lleva al Padre, y el pan de la vida, y el buen Pastor, y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y el rey del universo, y el siervo por amor... Él es todo eso y mucho más. Nuestras palabras son insuficientes para explicar su misterio. Por eso necesitamos de todas esas imágenes.

Lo que está claro, tal como recuerda el evangelio de este domingo, es que sin él no podemos hacer nada bueno. Por nosotros mismos solo podemos ser sarmientos secos, pero unidos a él podemos dar frutos de vida eterna. ¡Unámonos cada día más íntimamente a él!

1 comentario:

  1. EXCELENTE EXPLICACIÒN ¡¡¡ "SIN EL, NO PODEMOS HACER NADA BUENO" POR ELLO, MANTENGÁMONOS UNIDOS POR SIEMPRE ¡¡¡

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