Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

martes, 28 de abril de 2026

HERMANA FELICIA DE JESÚS SACRAMENTADO, "CHIQUITUNGA"


La figura de la hermana Felicia de Jesús Sacramentado (conocida familiarmente como "Chiquitunga") pertenece a ese tipo de santidad luminosa y cercana que florece en la vida cotidiana. Nacida en Villarrica en 1925 y fallecida en Asunción en 1959, su vida fue breve, pero espiritualmente muy intensa. Fue beatificada en 2018 por el papa Francisco, convirtiéndose en la primera beata del Paraguay. Su fiesta es el 28 de abril.

Su itinerario espiritual muestra una profunda unión entre vida interior y compromiso apostólico. Desde muy joven, en el seno de la Acción Católica, descubrió que el encuentro con Cristo conduce necesariamente al servicio. La catequesis, el acompañamiento de jóvenes universitarios y la atención a pobres y enfermos no fueron para ella actividades añadidas, sino la expresión concreta de su amor a Dios. Su frase: «Nunca pensé que sería tan feliz llevando consuelo a los necesitados» revela una espiritualidad donde la alegría nace de darse.

Al mismo tiempo, en sus escritos aparece un deseo muy profundo de vida contemplativa. Ese anhelo de intimidad con Dios la condujo finalmente al Carmelo. En 1955 ingresó en el monasterio de las carmelitas descalzas, atraída por las figuras de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Como en ellos, su experiencia interior se expresa con frecuencia en un lenguaje de amor esponsal. No se trata de una metáfora literaria superficial: en su caso el simbolismo nupcial refleja una relación personal e íntima con Cristo, vivido como Amado.

Sus poemas muestran claramente esta orientación. En ellos aparece el dinamismo del alma que corre hacia el encuentro con Cristo, con una impaciencia amorosa que recuerda el tono de la poesía carmelitana clásica. La “cita con el Amado” de la que habla en sus escritos y la prisa por encontrarse con él evocan la búsqueda apasionada de Dios propia de la tradición mística.

También es significativa la dimensión eucarística de su espiritualidad. En uno de sus poemas describe la mesa donde Cristo ofrece su sangre y su cuerpo “traspasado de amor”. Este lenguaje revela una comprensión profundamente sacrificial y nupcial de la eucaristía: el Amado se entrega totalmente a la amada.

Su última enfermedad (una hepatitis que derivó en complicaciones graves) se convirtió para ella en una participación consciente en la cruz de Cristo. Su deseo era claro: «Quiero vivir y morir por Jesús». No es casual que muriera el domingo de Pascua, mientras pedía escuchar el poema «Vivo sin vivir en mí» de santa Teresa de Jesús, uno de los textos más intensos del deseo de unión con Dios.

Sus últimas palabras fueron: «Jesús, te amo, ¡qué dulce encuentro!» y resumen toda su existencia. En ellas aparece la esencia de su mensaje: la vida cristiana es un camino de amor creciente hacia el encuentro definitivo con Cristo.

Por eso, Chiquitunga es una figura particularmente elocuente para nuestro tiempo. Su vida muestra que la santidad no nace de gestos extraordinarios, sino de la fidelidad cotidiana, de la alegría en el servicio y de una relación viva y apasionada con Cristo que termina transformándolo todo.

1 comentario:

  1. Fray Eduardo que suerte 😊 tenemos al conocer tres vidas de santas, antes desconocidas para mí.
    Josefina Bakhita, Mariam Bawardi y Chiquitunga, en diferentes ambientes pero todas haciendo de la vida diaria una plegaria con un espíritu de servicio y aceptación preciosos.
    Me tiene muy agradada el blog, es una lotería espiritual, Dios le pague.

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