Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 13 de enero de 2018

Se quedaron con él todo el día


Nos disponemos a celebrar el segundo domingo del Tiempo Ordinario (ciclo "b"). No hay primer domingo del Tiempo Ordinario porque el tiempo de Navidad concluye con la fiesta del bautismo del Señor, y al día siguiente comienza la primera semana del Tiempo Ordinario. Mañana comienza ya la segunda semana.

Ya hemos comentado otras veces que con el bautismo del Señor inicia su vida pública. El evangelio de hoy nos sitúa en ese contexto: Juan ha bautizado a Jesús y lo señala como el "Cordero de Dios".

Dos de los discípulos de Juan Bautista (Juan Evangelista y Andrés) se acercaron a Jesús. El evangelio explica que «fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día».

Quiero detenerme brevemente en dos verbos que aparecen en el texto: «fueron» y «se quedaron».

«Fueron». Para ir a un sitio hay que dejar otro. Dios le dijo a Abrahán: «Sal de tu tierra y ve adonde yo te mostraré». Esta es la dinámica espiritual: salir de lo que conocemos, de nuestras seguridades, de todas las cosas y de nosotros mismos para ponernos en camino siguiendo a Jesús.

«Se quedaron» con él todo el día. No basta con una visita esporádica y apresurada. Tenemos que pasar tiempo con Jesús para escuchar su palabra, para aprender de él, para gozarnos de su amistad.

He hablado del evangelio de hoy desde otra perspectiva en esta entrada:

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él. Jesús convoca a su alrededor a un grupo de discípulos (casados y solteros, hombres y mujeres) para los que se usan los mismos verbos: «seguir» y «servir» (cf. Mt 27,55). Con unos y otros forma una nueva familia, «su» familia, más fuerte que la de la carne y de la sangre.

1 comentario:

  1. A BELÉN TRAVAL

    Que el viento nos hable el lenguaje de tus hojas
    y nos acaricie la serena claridad de tu luz.

    Que nos alimente la dulce savia de tu cuerpo
    y se convierta en fuerza y tesón.

    Que tus ramas nos cobijen en el centro de tu corazón
    y tu generosidad fecunda, nos llene de valor.

    Que las lágrimas que nos arrancó, el frío rocío de la mañana
    no hieran tu labor.

    Quiero hundirme en el suelo, beber la esencia de tus raíces
    y perfumar con tu olor.

    ¡Hasta siempre, Belén!

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