Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

domingo, 18 de enero de 2015

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él


El evangelio de hoy nos habla de Jesús que llama a sus primeros discípulos, a los que invitó a estar con él.

Sorprende la libertad de Jesús al llamarlos. Los discípulos provienen de grupos muy distintos, a veces opuestos: fariseos, publicanos, zelotas, personas acomodadas, pobres, mujeres. 

Jesús convoca a su alrededor a un grupo de discípulos (casados y solteros, hombres y mujeres) para los que se usan los mismos verbos: «seguir» y «servir» (cf. Mt 27,55). 

Los rabinos podían exigir a sus discípulos una compensación económica o algunos servicios a cambio de sus enseñanzas. En el caso de Jesús no es así. 

Exige mucho más, una adhesión total a su persona y a su causa: «Si alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a renunciar a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,26). 

También les pide que continúen su obra y les anuncia que compartirán su destino de perseguido y también su gloria. 

Muchos se acercaron a él por propia iniciativa o movidos por el testimonio de otros. Pero, en cierto momento, Jesús llamó a algunos de sus discípulos para que vivieran en una relación más estrecha con él. 

Había quienes debían servirlo conservando su lugar en la sociedad (Lázaro, Marta y María, por ejemplo).

Otros, en cambio, debían abandonar su casa, familia y actividades para seguirlo más de cerca (Pedro y María Magdalena). 

Con unos y otros forma una nueva familia, «su» familia, más fuerte que la de la carne y de la sangre.

Yo doy gracias al Señor, que me llamó a su servicio y me ha concedido el gozo de tenerlo por amigo. Recuerdo un hermoso canto que entonó el coro el día de mi profesión religiosa (en 1986): "Qué detalle, Señor, has tenido conmigo, cuando me llamaste, cuando me elegiste, cuando me dijiste que tú eras mi amigo..." No encuentro palabras mejores para dar gracias a Dios. A continuación pueden escucharlo.

3 comentarios:

  1. Gracias por conpartirnos tanto,Padre Eduardo feliz Domingo.

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  2. Bonito canto, lo he oído muchas veces pero nunca lo había pensado en el contexto de la llamada de Jesús. Muy bonito, si.

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