Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 27 de enero de 2018

La actividad pública de Jesús


Mañana celebraremos el cuarto domingo del Tiempo Ordinario (ciclo "b"). Después de recordar que la vida pública de Jesús comenzó con su bautismo y que él buscó colaboradores para desarrollar su tarea, hoy nos acercamos a su actividad, que se caracteriza por tres aspectos: Jesús predica el evangelio, sana a los enfermos y expulsa a los demonios.

Los asistentes a la sinagoga de Cafarnaún se quedaron asombrados porque Jesús hablaba y actuaba de un modo distinto a como ellos estaban acostumbrados.

Jesús no repetía lo que había aprendido de los libros o de otros maestros, sino que compartía lo que vivía; hablaba con sencillez y sinceridad.

El libro del Deuteronomio anunció un profeta como Moisés, que continuaría con su obra (primera lectura), pero Jesús es mucho más que Moisés. Como él, sobrevivió al exterminio de los niños por parte de un rey que veía amenazada su autoridad; ambos pasaron su primera infancia en Egipto y después atravesaron el desierto para ir hacia Canaán; igual que Moisés "subió al monte" para conocer la voluntad de Dios y transmitirla a los hebreos, Jesús resumió sus enseñanzas en el sermón de la montaña.

Pero no debemos olvidad que "la Ley se dio por medio de Moisés, el amor y la lealtad se hicieron presentes en Jesús, el mesías" (Jn 1,17). Moisés solo es anuncio, promesa, anticipo de Jesús y de su obra. Jesús anuncia el reino y establece el reino, habla de Dios y es Dios-con-nosotros.

He tratado de este evangelio, comentando las tres actividades de Jesús (predicación, milagros y victoria sobre el mal), en esta entrada:

Jesús enseñaba con autoridad. A la gente le llamaba la atención que no repetía lo mismo que los demás, sino que hablaba con autoridad propia.

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