Como en aesta estampa francesa de 1906, donde santa Ana educa con paciencia a la Virgen María, los abuelos sostienen el hilo dorado de nuestras vidas.
Los abuelos son los guardianes de los cuentos olvidados y los arquitectos de los abrazos más sinceros.Con sus hilos de plata en el cabello y la ternura dibujada en las arrugas, los abuelos transforman las tardes grises en castillos de fantasía.
Ellos son cómplices silenciosos que regalan caramelos a escondidas y curan las heridas del alma con solo un beso en la frente. En el mapa de la infancia, su hogar es siempre un puerto seguro de amor incondicional.
Hoy, en el día de san Joaquín y santa Ana, celebramos a estas almas generosas. Aunque algunos ya no caminen a nuestro lado y su voz sea solo un eco lejano, su memoria permanece intacta. Su partida no borra el legado; lo embellece.
Recordar a los abuelos que ya se fueron es agradecer a Dios por uno de los regalos más puros y eternos que nos ha concedido la vida. ¡Feliz día a todos los abuelos, faros de luz y amor infinito!

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