Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

jueves, 23 de julio de 2026

EL DESIERTO DE LAS PALMAS (coplillas)


El Desierto de las Palmas ocupa un lugar destacado en la historia de los carmelitas descalzos españoles. Desde el siglo XVII, ha sido un lugar de retiro, contemplación y trabajo en silencio. El entorno natural es de gran belleza: un valle rodeado de montañas frente al mar Mediterráneo. Además, es el noviciado para los jóvenes que se preparan para ser carmelitas descalzos. 

Yo he vivido aquí en varias ocasiones y he dado numerosos cursos, retiros y encuentros de espiritualidad a los novicios, a religiosas y a seglares provenientes de muchos sitios. Ahora estoy dando un cursillo de una semana a un grupo de frailes provenientes de distintos países de Europa (Francia, Italia, Croacia, Polonia, Portugal...), que se preparan para hacer su consagración definitiva al Señor en el Carmelo.

Hace varios años adapté un poema que Antonio Fernández Grilo (1845-1906) dedicó a las ermitas de Córdoba.

Estas coplillas recorren algunos de los lugares más característicos del paraje. Explico algunas cosas antes de recogerlas:

El nombre de "desierto" no alude a un lugar árido, sino a un monasterio situado en un entorno apartado y hermoso, donde el silencio favorece la búsqueda de Dios a través de la oración, el trabajo y la vida fraterna.

Las "casitas blancas" son las ermitas dispersas por el valle, construidas para que los religiosos pudieran retirarse durante un tiempo a la oración y al estudio en soledad. 

El monte que se eleva detrás del monasterio recibe todavía el nombre de "Bartolo", en recuerdo del hermano Bartolomé, un ermitaño que habitó una de sus cuevas en el siglo XVII. En su cima se alza la gran Cruz del Bartolo, visible desde muchos kilómetros a la redonda, como un permanente recordatorio de que toda ascensión humana encuentra su sentido en Cristo.

La referencia a "La Plana" evoca la amplia llanura costera bañada por el Mediterráneo, cuya capital es Castellón de la Plana. Desde las alturas del Desierto, la mirada abarca el mar, los pueblos, los campos de naranjos y las montañas, componiendo uno de los panoramas más hermosos del levante español. 

Aquí abundan las "fuentes" que brotan entre las rocas, cuyas aguas han dado vida al monasterio durante siglos y explican la imagen poética del agua que se precipita desde la montaña.

Quien ha subido alguna vez hasta el Desierto sabe que el camino exige esfuerzo. Pero, como dice la última copla, la bajada resulta aún más difícil. No porque la senda sea más empinada, sino porque el corazón se resiste a abandonar un lugar donde el silencio habla de Dios, la naturaleza invita a la alabanza y la oración parece brotar con la misma espontaneidad que el agua de las fuentes. Uno desciende llevando consigo la paz recibida, con el deseo de conservarla en medio de la vida cotidiana.

Estas sencillas coplas quieren ser una invitación a subir, aunque solo sea con la imaginación, hasta ese rincón del Carmelo donde la belleza de la creación sigue conduciendo al Creador y donde tantas personas han buscado, a lo largo de los siglos, vivir ya en la tierra un pequeño anticipo del cielo.

Hay sobre Benicàssim,
entre las lomas,
unas casitas blancas
como palomas.


Les dan dulces esencias
los limoneros,
los pinos, los naranjos
y los romeros.


¡Allí, junto a las nubes,
la alondra trina,
allí tiende sus brazos
la Cruz divina!


¡Muy alto está el Bartolo!
¡La Cruz muy alta!
Para llegar al cielo,
¡cuán poco falta!


¡La vista arrebatada
vuela en su anhelo
del llano a las ermitas,
de ellas al cielo!

Allí olvida el que sube
penas y cuitas;
allí cantan y rezan
los carmelitas.


¡El agua que allí oculta
se precipita,
dicen los de La Plana
que está bendita!


Subid a donde el fraile
reza y trabaja;
¡más larga es la vereda
cuando se baja!


¡Ya la envuelva la noche,
ya el sol alumbre,
buscad a los que rezan
sobre esa cumbre!


Ellos, de santos mares
van tras el puerto;
¡caravana bendita
de aquel Desierto!

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