Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

miércoles, 16 de marzo de 2016

La resurrección de Lázaro


La Semana Santa de Jesús
P. Eduardo Sanz de Miguel, o.c.d.
9- La resurrección de Lázaro

Juan en su evangelio no habla de «milagros», sino de «signos» que tienen que ser interpretados para ser comprendidos. Entre los muchos signos que Jesús realizó, el evangelista ha seleccionado siete (número que habla de plenitud, totalidad):

1- Las bodas de Caná.
2- La curación del hijo de un oficial.
3- La curación del paralítico en la piscina Probática (o de «Betesda»).
4- La multiplicación de los panes y los peces.
5- Jesús camina sobre el mar.
6- La curación del ciego de nacimiento.
7- La resurrección de Lázaro. 

Cada uno de ellos ilumina un aspecto de la vida y misión de Jesús. El mismo evangelista dice que los ha recogido con la finalidad de suscitar la fe del lector: «Muchos otros signos hizo Jesús […]. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20,30-31).

Jesús mismo reprende a sus contemporáneos cuando quieren hacerle rey después de la multiplicación de los panes y les dice que lo hacen porque les ha dado de comer, pero no han entendido el significado de ese «signo» (Jn 6,26), que él mismo explica a continuación. Por lo tanto, los signos necesitan interpretación. Vamos a intentar profundizar en el mensaje que nos quiere transmitir el de la resurrección de Lázaro.


El relato (Jn 11,1-45)

Cuatro días después de la muerte de su amigo Lázaro, Jesús se dirige a Betania. Al llegar, Marta confiesa que el cadáver «ya huele» a putrefacción, lo que indica la irreversibilidad de la muerte de Lázaro. De hecho, los judíos creían que el cadáver se descomponía a partir del tercer día. Se establece un diálogo entre Jesús y Marta, que termina con la afirmación del maestro: «Yo soy la resurrección y la vida». Más tarde, dice con autoridad al difunto: «¡Sal fuera!». El amigo lo hace, envuelto en las vendas y el sudario. 

Ante este signo, el último antes del definitivo –que será su propia resurrección− «muchos creyeron en él» pero sus enemigos, «desde ese día, decidieron darle muerte» (Jn 11,53). Se produce el mismo proceso que en otros casos similares, como en la curación del ciego de nacimiento: Los que acogen con fe las palabras de Jesús, pueden interpretar correctamente el signo; los que las desprecian, se endurecen en su rechazo. 

Él es consciente de que traman su muerte, pero no huye, porque, finalmente, «ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre» (Jn 12,23). La hora de su glorificación coincide con la de su muerte y sepultura. Solo así se realizará el plan divino de la salvación, al que él se somete voluntariamente. Al resucitar a Lázaro antes de su pasión, Jesús enseña que tiene poder sobre la muerte y anuncia que no le quitan la vida, sino que él la entrega voluntariamente.


Lázaro, imagen del hombre que muere

En Lázaro se manifiesta el destino último con el que cada hombre tiene que enfrentarse: la muerte de los seres queridos y la propia muerte. En Marta lloran todos los que han sufrido una separación dolorosa, cuando las palabras no sirven para expresar los sentimientos. Quizás se podría haber hecho algo por salvarlos, pero ya no se puede. Solo queda llorar. 

La salvación de Jesús, para ser completa, tiene que ofrecer respuesta al enigma último de la existencia humana. Jesús anuncia la resurrección. La de su amigo Lázaro es ya un anticipo, una promesa. 

San Juan pone cuidado en indicar que salió del sepulcro, «con las manos y los pies atados por las vendas y la cara envuelta en un sudario». Lázaro ha recuperado la vida que tenía antes de morir, pero conserva la condición mortal: tendrá que volver a pasar por la muerte. Las vendas y el sudario lo recuerdan. 

Sin embargo, más tarde el mismo evangelista hará referencia a las vendas y al sudario de Jesús, que quedaron abandonadas en el sepulcro (Jn 20,7), ya que su resurrección sí que es definitiva. Él no recupera la vida de antes, sino que entra en la vida plena, en la que «ya no habrá muerte, ni llanto, ni dolor» (Ap 31,4). La resurrección de Lázaro es anuncio y promesa de la de Jesús (y de la nuestra).

El llanto de Cristo y el llanto de la Iglesia

Jesús no solo llora por su amigo Lázaro. Los santos Padres interpretaron que llora por Adán, al ver las consecuencias de su pecado. En la mañana de la creación, Dios le advirtió: «Si te apartas de mí, morirás» (Gén 2,17). Ahora que su advertencia se ha cumplido, la humanidad huele a putrefacta y yace en el sepulcro, aplastada por una pesada losa que no puede mover, incapacitada para entablar relaciones con el Dios de la vida. 

Lázaro no es solo el hombre sediento e incapacitado para saciar su sed (como la samaritana) ni el que no puede ver a Dios en su vida (como el ciego de nacimiento). No es solo el leproso, el sordo o el paralítico que Jesús encontró por los caminos: es el desposeído de todo, de la vida mortal y de la eterna; es la descendencia de Adán, atrapada en el reino de la corrupción y sin esperanzas humanas de salvación. Ante las consecuencias del pecado, Jesús llora conmovido. 

La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, también llora por los hombres que yacen en el sepulcro. Muchos no llevan muertos cuatro días, sino meses y años. Y lo peor es que no son conscientes. Como hizo Jesús, grita a los humanos para que abandonen sus pecados, para que salgan de sus sepulcros. 

A quienes la escuchan, aunque estén atados por las vendas de sus faltas, los desata para que puedan andar, ofreciéndoles el perdón y la vida nueva. Entonces desaparece el hedor de la muerte (2Cor 2,16) y pueden expandir por el mundo el buen olor de Cristo (2Cor 2,15).

2 comentarios:

  1. ¡¡¡ BENDITÍSIMOS DÍAS INTENSÍSIMOS ... CAMINANDO CON JESÚS SINTIENDO ... VIVIENDO SUS LATIDOS ... SUS ALIENTOS ... Y RÍO Y LLORO ... LLORO Y RÍO ... CON SUS MISTERIOSAS LÁGRIMAS Y RISAS ... AMANDO ... AMANDO ... LO QUE YA AMABA ... Y LLLORO Y RÍO ... RÍO Y LLORO ...PALPITANDO AMORES ...!!!!!!!! ¡¡¡ GRACIAS DE TODO CORAZÓN , PADRE EDUARDO SANZ DE MIGUEL POR DARNOS A JESÚS ... AL UNO Y TRINO Y A TODOS ... A CADA UNO LOS QUE AMAN CON SUS MISTERIOS RECÓNDITOS LOS QUE LO AMAN ETERNAMENTE CON SUS PASIONES VÍRGENES ... ! ¡ OH CRUZ DE AMOR SANGRANDO ROSAS ABRAZANDO Y ABRASANDO ...!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡ TODO PARA LA ETERNA INFINITA GLORIA DE DIOS QUE ES NUESTRA GLORIA ...!!! ¡¡¡ AMÉN ...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. LAS LÁGRIMAS DE CRISTO
    En un momento determinado, Jesús hace llamar a María. La salida de ésta hizo pensar a las gentes del duelo en una fuerte emoción que la llevase a llorar al sepulcro. Y salieron con ella. Y Jesús, al verla llorar a ella y a ellos, sin duda de emoción sincera, puesto que, según ritual judío, sólo los tres primeros días estaban dedicados a las lágrimas, y se estaba ya en el cuarto, también Jesús lloró. Y ante esta emoción traducida en lágrimas, los judíos presentes decían: “¡Cómo le amaba!”
    Esta emoción y lágrimas de Jesús no son más que la emoción honda, legítima y bondadosa de Jesús ante la muerte de Lázaro, su amigo, a quien Jesús “amaba”. En esas lágrimas de Jesús quedaron santificadas todas las lágrimas que nacen del amor y del dolor cristiano.
    Ante estas lágrimas del Señor, algunos de los judíos presentes, de los que estaban en la condolencia con María, reconociendo en Jesús un ser excepcional, pensaron si El, que había abierto los ojos al ciego de nacimiento en la piscina de Bethesda, no habría podido haber curado a Lázaro antes de que le llegase la muerte. No se imaginan que tenga el poder de la resurrección. Parecería que en el fondo de la observación hubiese un reproche por la tardanza de Jesús en llegar.
    Llegado a la presencia del sepulcro, Jesús experimentó nuevamente fuerte emoción. Y dio orden: “Quiten la piedra”. Un grupo de personas va a cumplir la orden. Pero nadie piensa en la resurrección. Lo acusa bien la intervención de Marta, al decirle que ya va a dar el hedor de la descomposición de un cadáver al cuarto día. Marta piensa que Jesús, llevado del afecto a Lázaro, quiere ver el cadáver, lo que era presenciar el tremendo espectáculo de la descomposición.
    Pero Jesús, consciente de su obra, le recuerda que crea en El, “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”, Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él. ¿Y Nosotros, creemos en EL?

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