Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

lunes, 13 de marzo de 2023

El sábado en la Biblia


Para comprender el Nuevo Testamento hemos de conocer el Antiguo, que es la preparación, anticipo y promesa de lo que había de venir. Para comprender el domingo, tenemos que conocer el significado bíblico del sábado.

En todos los pueblos hay fiestas ligadas a los ciclos de la naturaleza (para acoger la luna nueva, al final de la cosecha) o a ciertos acontecimientos (la entronización del rey, una victoria militar). La novedad del pueblo judío fue la dedicación de un día semanal para el descanso de todos (hombres y mujeres, señores y siervos, e incluso para los animales). Al descanso semanal le dieron una triple motivación religiosa: agradecimiento por la creación, celebración de la liberación de la esclavitud y anticipo de la vida eterna.

1. El sábado, memoria de la creación

En el relato de la creación de Génesis 1, la obra de Dios se articula en el marco cronológico de una semana, comenzando el día primero con la creación de la luz y culminando el día séptimo con el descanso del Señor. El libro del Éxodo encontró allí el fundamento religioso del reposo sabático (cf. Éx 20,8-11).

El hombre necesita trabajar para procurarse el sustento, pero debe parar de trabajar para comprender que ni su vida ni su bienestar dependen únicamente de su esfuerzo. De esta forma se le revela que Dios es el único creador y el ser humano es solo un colaborador suyo.

La Biblia, al relacionar el relato de la creación con el precepto del descanso sabático en el Decálogo, establece una continuación natural entre la creación y la alianza, entre la primera obra de Dios y las sucesivas.

2. El sábado, memoria de la liberación

En cierto momento de su historia, Israel interpretó el descanso sabático de una manera nueva. Dios no solo ha regalado a los hombres todo lo que existe. Además, ha bendecido a su pueblo con el don de la libertad, al sacarlo de la esclavitud de Egipto.

Cada sábado sirve para refrescar la memoria, de modo que Israel recuerde sus orígenes y comprenda mejor cuál es su identidad: Los hebreos eran un grupo de esclavos, sin riquezas ni méritos, pero Dios los liberó de la esclavitud por su misericordia. Cada semana deben recordarlo para no volverse orgullosos y para no despreciar a los débiles, a los humillados, a los fracasados, recordando que un día formaron parte de ese grupo social.

Por eso, sin rechazar las enseñanzas del libro del Éxodo, el Deuteronomio justifica el precepto sabático de una manera nueva, haciendo referencia a la liberación de la esclavitud y al camino por el desierto hacia la Tierra prometida (cf. Dt 5,13-15).

Todavía hay una enseñanza más actual escondida en este texto: El creyente que dedica un día semanal al descanso debe comprender que el sábado le ayuda a no caer en una esclavitud mucho más sutil que la de Egipto. Una esclavitud de la que no se tiene conciencia, porque es libremente asumida: la esclavitud de los bienes materiales, de los objetos adquiridos con el propio esfuerzo, del deseo perennemente insatisfecho. El descanso le ayuda a tomar conciencia de que su vida vale más que las cosas, su libertad vale más que sus pertenencias.

3. El sábado, promesa de vida eterna

Para Israel, tanto la creación como la liberación no son solo acontecimientos del pasado. De alguna manera, en la celebración del sábado se toma conciencia de su perenne actualidad: Dios sigue creando y sigue liberando.

Tanto la justificación del Éxodo (la obra creadora de Dios) como la del Deuteronomio (la liberación de la esclavitud) enseñan a Israel que su destino último es entrar en el descanso de Dios, en la feliz contemplación de sus obras, en la comunión con él.

Esta relación de amor es más importante que el trabajo y que todas las cosas que se puedan conseguir por su medio, ya que la gracia del Señor «vale más que la vida» (Sal 63 [62],4). Por eso, el creyente interrumpe sus actividades y consagra un día a la alabanza. El sábado sirve para pregustar el fin de los trabajos y sufrimientos de la vida presente, el ingreso en el descanso definitivo (Cf. Heb 4,8-11). Es anticipo y promesa de esa realidad futura.

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