Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 11 de agosto de 2018

Come de este pan, que el camino es largo


La primera lectura de la misa de mañana (domingo 19 del Tiempo Ordinario, ciclo "b") nos recuerda que el profeta Elías, el más grande de los profetas, que envió la sequía a Israel y después la lluvia, que hizo bajar fuego del cielo, que multiplicó la harina y el aceite, que resucitó un muerto..., sufrió un momento terrible de cansancio, de desánimo, de crisis, de depresión, hasta el punto de desearse la muerte.

A pesar de sus grandes obras, sus contemporáneos no terminan de convertirse y Elías se siente solo y fracasado. Por eso se marcha al desierto, haciendo el recorrido inverso de Israel en tiempos de Moisés. No desde el Sinaí hacia la Tierra Prometida, sino desde la Tierra Prometida hacia el Sinaí.

Un enviado de Dios le da un pan y le pide que coma. Elías está tan abatido que el ángel tiene que insistir. Finalmente, Elías come y "con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el monte de Dios".

Allí se encontró con el Dios vivo y comprendió que era solo un colaborador en la obra de la salvación, que a él solo se le pedía que realizara su misión, pero que los frutos no tenía que recogerlos él, por lo que tenía que nombrar un sucesor suyo, que continuara su obra.

En nuestros días es fácil caer en el desánimo. A veces nos sentimos solos y fracasados, como Elías, pero Dios también nos ofrece un pan que fortalece nuestros ánimos y nos vigoriza. el Pan de la Vida, el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo entregado por nosotros. De eso habla el evangelio: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo".

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